lunes, 19 de noviembre de 2012

La sustentabilidad como modelo de desarrollo


Por: Pablo Fernandez S. En los últimos diez años la palabra sustentabilidad ha logrado consolidarse con fuerza en los altos sectores productivos y empresariales latinoamericanos, lo que representa un gran primer paso para imponer al desarrollo sostenible como modelo propiamente dicho. Esto ha sido posible gracias a los pioneros o "vanguardistas" que colaboraron, junto a otros actores, en la adopción paulatina de medidas inteligentes para instaurar perennemente programas de RSE en el seno de todo tipo de organizaciones. Lo evidencia el número de empresas que se suman cada año a iniciativas como Pacto Global.

Ahora bien, es cierto que aún falta mucho camino por recorrer en la región para alcanzar porcentajes europeos, pero el panorama es optimista. Porque la adopción relativamente lenta, de buenas prácticas ambientales y programas de responsabilidad social por parte de grandes empresas (principalmente), lejos de ser un hándicap, ha permitido que las bases de la sustentabilidad en este rincón del mundo sean mucho más fuertes. Lo que en principio algunos incrédulos clasificaron arriesgadamente como "moda", logró imponerse y trascender la noción netamente medio ambiental para convertirse en una disciplina en si misma.

Por otro lado, actualmente, hablar de RSE y sustentabilidad es sinónimo de crecimiento. Las estadísticas no mienten. La sociedad latinoamericana ha mutado, evolucionado, en la misma dirección que lo hicieron otrora sociedades industrializadas; ahora las organizaciones sustentables tienen mejor imagen y se imponen progresivamente en los mercados más dinámicos, frente a la competencia no comprometida. Ya no se puede hablar de margen de error, la sostenibilidad corporativa es una ventaja estratégica.

Gracias a este contexto sumamente favorable me atrevo a decir que hoy las condiciones están dadas para dar un segundo gran paso: la implementación masiva de la sustentabilidad en las Pymes. Es que todavía sigo escuchando con relativa frecuencia que la responsabilidad social solo es asunto de grandes organizaciones con gran capital humano o económico. Nada más erróneo, cómo suele difundir @salaslety una colega mexicana "la RSE es responsabilidad de todos".

El fondo es que son las pequeñas y medianas empresas las que más trabajo generan y por ende, son el nexo directo con la sociedad. Si lo que se pretende es mejorar las condiciones productivas para mejorar la calidad de vida, es fundamental consolidar este ligamen. Por tanto, es necesario que aquellos pioneros en la RSE consagren sus esfuerzos en difundir la sustentabilidad de forma transversal, para que la implicación de las pymes, universidades y gobiernos sea percibida como una verdadera herramienta de competitividad.

Para lograrlo, la clave es que la RSE deje de ser sectorizada y por el contrario, se socialice. Es esencial que ese savoir faire se encuentre al alcance de pequeños emprendedores, ONG y empresarios sociales. Así, el respeto por el medio ambiente, los derechos humanos, las relaciones laborales y la transparencia dejarían de quedar circunscriptos a la parte alta de la escala productiva. Cada componente de la cadena social productiva debe involucrarse para alcanzar los desafíos globales, tal cuál preconizan los valores de las Naciones Unidas.

Habiendo experimentado la realidad europea y hoy desde Chile, creo que esto no es una utopía. Es más, creo que el potencial de desarrollo del país puede servir no solo para lograr las metas propuestas por los objetivos del milenio sino que además, puede utilizarse como caballo de batalla para impulsar el desarrollo sostenible en toda la región. Las capacidades humanas, técnicas y metodológicas existen, ¿porqué no intentarlo?. Utilizando términos futbolísticos, creo que es momento de empezar a pensar en ganar el campeonato y no solo contentarse con participar.

Si todos los que participamos directa e indirectamente en este nuevo modelo de desarrollo colaboramos para difundir la sustentabilidad, el futuro tal vez nos depare mucha más esperanza que hace diez años.

jueves, 25 de octubre de 2012

RSE y ONG: El impacto real de un proyecto de desarrollo


Por: Pablo Fernandez S. Hace un par de días, mientras conversaba con un colega que trabaja para una entidad que destina una importante suma anual para el financiamiento de proyectos de desarrollo, me puse a pensar en como la difusión del impacto real frente al impacto reportado puede conspirar contra el éxito de una iniciativa. De hecho, recuerdo que durante el tiempo que trabajamos juntos en esa institución tratamos el tema varias veces y la conclusión siempre era la misma: algunas ONG no saben como sacar partida de sus logros o no saben poner en valor sus resultados.

Parece un tema menor pero no lo es, sobre todo cuando la gran mayoría de organizaciones del tercer sector dependen de la reputación y beneficios de sus proyectos para colectar fondos e inclusive diseñar sus campañas de fundraising. Es que por una u otra circunstancia a veces la consecución de objetivos específicos circunscribe los logros generales o indirectos a los requerimientos del partenaire que financia, impidiendo un análisis más preciso de logros que a menudo se extienden más allá de lo que refleja un indicador. No por casualidad las ONG que más financiamiento colectan son las que mejor reportan sus resultados, un doble esfuerzo que implica el trabajo de profesionales ecuánimes y por supuesto, una buena com externa*.

En este caso voy a referirme al primer paso de la estrategia (el rol de la com lo trataré en alguna otra oportunidad) con un simple ejemplo. Claro está este enfoque no se restringe solo a un proyecto de organizaciones del tercer sector, sino que también es perfectamente aplicable a cualquier programa de RSE corporativo.

El proyecto en el sur asiático tenía como meta la instalación de lámparas solares en una pequeña aldea de pescadores muy desfavorecida, que no cuentan con electricidad.

Luego de algunos meses de trabajo los objetivos específicos se cumplieron: se consiguió equipar el 80% de los hogares de la aldea y se instalaron 4 lámparas de mayor tamaño en puntos sensibles de la comunidad. El impacto reportado señaló que los indicadores cuantitativos se lograron al 100% y los cualitativos, que pretendían impulsar la lectura y el aprendizaje, indicaban que desde la instalación de las lámparas un porcentaje de personas consagraba casi una hora más por día a estos fines. La instalación de una pequeña biblioteca comunitaria había sido igualmente muy bien acogida. El proyecto llevado a cabo por una ONG y patrocinado por una gran empresa se consideró como exitoso.

Ahora bien, ¿qué más se logró? ¿cuál fue el impacto real del proyecto?

La evaluación del proyecto de forma independiente indicó que gracias al aporte de iluminación sobre todo en las noches, algunas actividades como la fabricación de artesanías o la venta de alimentos y otros menesteres se convirtieron en nuevas fuentes de ingreso para numerosas familias. Pero eso no es todo. En el mismo período se reportaron menos casos de violencia intrafamiliar, menos casos de mordedura de serpiente y hasta menos robos en la comunidad. Estos hechos, intrínsecamente ligados a la acción del proyecto, no fueron correctamente reportados y por tanto no se comunicaron en tiempo y forma.

Casos como este existen por miles aunque la tendencia disminuye conforme se profesionalizan los equipos de trabajo. Evidentemente al margen de las buenas intenciones de unos y otros no siempre se cuenta con la experiencia y las competencias necesarias para sacar el máximo provecho de un logro específico. Saber como y cuando identificar estos impactos reales puede ser preponderante tanto para una organización que vive de contribuciones como para aquellas que obtienen beneficios gracias a su comunicación. ¿Ud. que piensa?


*com = comunicadores, o profesionales de RRPP.  

martes, 16 de octubre de 2012

La importancia de la evaluación del impacto social


Por: Pablo Fernandez S. La evaluación del impacto social es una de las herramientas más importantes para diseñar estrategias de desarrollo y como tal, tanto empresas como organizaciones del tercer sector la han ido adoptando progresivamente a lo largo del tiempo. Esta herramienta sirve para ayudar a empresas sociales, beneficiarios y coordinadores de programas de RSE en la toma de decisiones (inversión, apoyo, estrategia, optimización) y en algunos casos ya se considera como indispensable. Esto no sorprende, si consideramos que frente a una realidad compleja se requiere de un cierto rigor y pragmatismo necesario para entender que la dimensión económica es un medio y no un fin, y por ende, los factores que la influencian son mucho más disímiles y complejos.

¿Pero que es la evaluación de impacto social? Según los especialistas, se trata de un método que reúne aquellos elementos y medios disponibles, dependientes e independientes, que sirven para analizar y descifrar una realidad social. Los mismos varían según una multitud de factores a menudo influenciados por los objetivos y metas de cada organización. Por ello cuando se habla de métodos clásicos, gubernamentales, filantrópicos, etc. por lo general, se tiende a generalizar y circunscribir ciertas estrategias según el tipo de organización que las lleva a cabo.

Ante desafíos que implican el desarrollo social y sus vicisitudes, evaluar el impacto social se presenta como una excelente alternativa de análisis, sobre todo cuando los resultados obtenidos son utilizados según la lógica de una empresa u organización particular. No obstante, su utilización no es siempre la adecuada. El problema más recurrente suele manifestarse cuando se desea comenzar el estudio y se enfrenta el dilema de escoger el método más adecuado cuando no existen estándares ni normas específicas definidas.

En este sentido lo más importante es entender que, como toda metodología, la evaluación responde a principios que deben respetarse antes de comenzar cualquier iniciativa. La experiencia nos indica que:

- Aceptar e integrar la complejidad social (¿cómo abordarla? ¿cómo diagramar las acciones?).
- Visualizar la evaluación como un proceso transparente para obtener información útil (debe tener un fin específico válido para la estrategia de la organización).
- Basar las escogencias metodológicas en nuestro plan de trabajo inicial (¿cuáles son nuestros objetivos? ¿que información estamos buscando? ¿que dificultades enfrentamos?).

pueden ayudarnos mucho a sortear las dificultades iniciales. Además, responder adecuadamente a estos cuestionamientos nos debería permitir dilucidar la estrategia más adecuada de acuerdo a nuestras necesidades, a la pertinencia social y al tipo de indicadores que deberemos utilizar. En algunos casos el trabajo de sociólogos expertos en estudios de terreno puede convertirse en una excelente alternativa para aportar peso científico a nuestra evaluación.

El análisis del impacto social nos permitirá entonces identificar una serie de elementos que podremos utilizar tanto para diseñar proyectos desde cero como para calcular el costo-beneficio (valor social de retorno) de una determinado programa.

Por último es necesario destacar que no hay que focalizarse en los métodos científicos porque no siempre son relevantes para un proyecto, voilà la importancia de identificar eficazmente los objetivos de la organización y la finalidad real de sus acciones para encarar o no una evaluación de impacto social.

martes, 9 de octubre de 2012

Entrevista a un empresario social: Santiago Clément


Por: Pablo Fernandez S. Una de las metas de este blog es divulgar proyectos o emprendimientos que puedan servir como inspiración a todas aquellas personas que tienen una buena idea en mente y no se animan a convertirla en realidad. Los temores existen por supuesto pero también la confianza de conocer a otros que la construyeron con las mismas dificultades. Por eso creo que es importante dar a conocer en la medida de lo posible, las peripecias que aquellos que se lanzaron a la aventura tuvieron que sortear (o sortean aún) para lograr su objetivo. Una nueva manera de desarrollar nuestro continente se amerita, más inclusiva, más equitativa, más justa y ambientalmente sostenible. Quién sabe, por ahí la próxima vez que publique una entrevista...sea la suya.

Hoy te presento a Santiago Clément, un emprendedor social argentino que lleva adelante su "Proyecto de Luz" en Mendoza y representa, para aquellos que trabajamos en desarrollo, un ejemplo moderno del non-profit social.


Contanos que es Proyecto de Luz y cuál es tu rol en el proyecto

Proyecto De Luz es una empresa social concebida para colaborar con fundaciones o asociaciones que trabajan dando oportunidades de desarrollo a personas en riesgo social o con capacidades diferentes. Todas las ganancias del emprendimiento, generadas mediante la producción y comercialización de los productos de nuestra marca Selección De Luz (vino, aceite de oliva, miel y mermeladas), son destinadas a este fin social, que es la razón de ser del proyecto.

Yo soy el creador y gestor del proyecto.

¿Cómo surgió la idea?

Mientras estudiaba Agronomía, pusimos con un primo mío unas colmenas; producíamos y vendíamos la miel envasada para ganar algún dinero para los estudios y las vacaciones. Cuando comencé a trabajar formalmente en mi profesión -como lo de la miel era algo marginal- se me ocurrió destinar la ganancia de la venta de la miel a ayudar a un hogar de chicos carenciados cercano a mi barrio (desde hacía algunos años que tenía inquietud por dar una mano en lo social y estaba buscando cómo, esa me pareció una forma, este fue el clic donde se me ocurrió la idea de producir y vender algo con el objetivo de generar fondos de ayuda social). Luego empecé a trabajar con un grupito de bodegas boutique y se me ocurrió armar un vino con la marca del proyecto para aumentar las ventas. Luego decidí establecer la idea de realizar metas puntuales de ayuda en forma mensual, eso hizo despegar el proyecto porque los clientes ven en forma concreta mes a mes el resultado social de su aporte con las compras y se entusiasman con el desafío de ir por una nueva meta. A partir de ese momento, fuimos incorporando los otros productos y el proyecto fue creciendo y profesionalizándose.

¿Quiénes te apoyan en esta aventura?

Somos pocos, pero algunos somos. Por un lado, Esteban Olivera, agrónomo también y primo mío, estableció una especie de sucursal en Gualeguay, Entre Ríos. Vendemos allí los productos y establecemos metas de ayuda a fundaciones locales con lo que allí se comercializa. Esto nos hace ver que la idea puede replicarse de la misma forma en otros lugares, como si fuese una franquicia. Otro colaborador es Alejandro Shin, Mendocino también, que nos ayuda con todo lo que es diseño de imagen y etiquetas; en el caso diseño, un conocido estudio local (CPD) nos dio una gran mano diseñándonos sin costo la etiqueta del vino; a partir de ese concepto inicial de imagen trabajamos todo el resto del tema diseño con Alejandro. Finalmente mi hermana Melliza Patricia Clément (BsAs) colabora también siendo para mí un apoyo importante en el tema ideas y ayuda para tomar decisiones de gestión. Luego tenemos siempre algunos amigos y familiares que están dispuestos a colaborar realizando préstamos cuando hace falta realizar alguna inversión en el proyecto.

¿Que dificultades o contratiempos tuviste que sobrepasar para lograr mantener el proyecto a flote? 

Antes de desarrollar este emprendimiento, me di algunos palos con otros intentos. Intenté llevar adelante un proyecto agrícola-social, que implicaba realizar cultivos para generar también fondos de ayuda social. Pero las contingencias climáticas me hicieron fracasar en 2 intentos. Luego tomé un “descanso” y surgió este nuevo proyecto. En esto creo que la principal dificultad es personal, y está relacionado con lo económico. Al ser pequeño aún el emprendimiento, debo tener otro trabajo que me permita completar mi sustento económico. Esto hace que no pueda dedicarle aún el 100% de mi tiempo y cabeza al proyecto, y eso es un freno para su crecimiento. En algún momento deberé dar este salto y asumir el riesgo económico inicial para poder dedicarle todo mi potencial al proyecto.
A nivel del emprendimiento, una traba importante es la dificultad para acceder a financiamiento. El tema vinos es un rubro extremadamente competitivo y una buena espalda financiera permite bajar costos y trabajar con mayor flexibilidad y potencial para insertarte en mercado y ampliar redes comerciales. Al ser una producción estacional, se requiere mucho capital todo concentrado en un momento del año. Conseguir el financiamiento necesario para cubrir estos desfasajes es, todos los años, un desafío grande y algo que frena el crecimiento a nivel productivo. Esto se agrava y complica con los problemas del país; especialmente la gran inflación que tenemos.

Actualmente ¿cuántas personas se benefician directamente de Proyecto de Luz?

No puedo responder a esta pregunta en forma certera porque es algo dinámico y todos los meses damos ayuda a un lugar diferente. Llevamos cumplidas unas 22 metas de ayuda a diferentes fundaciones, aportando generalmente con talleres de oficio o educativos de los que participan en promedio unas 15 personas en cada uno. Si multiplicamos la cantidad de metas con la cantidad de personas promedio que se benefician por meta, da algo más de 300 personas que se han visto beneficiadas desde que empezamos a fines de 2010. Buscamos siempre dar aportes que sean significativos para la fundación a la que ayudamos, y que genere una herramienta de la que la persona beneficiada pueda valerse en el futuro. El aporte, por ejemplo, de una máquina que permite iniciar un taller de carpintería para enseñar a los jóvenes un oficio, le será útil a los 15 jóvenes que realizarán el taller, y a los futuros aprendices. La idea es que el beneficio se multiplique.

¿Pensás que este proyecto sería posible o viable en otros país de Latinoamérica?

No tengo duda de que sería viable y también que se podría tomar el esquema para proyectos similares. La idea central de este proyecto, es volcar las utilidades por la producción y comercialización de un bien, a un fin social. A su vez, aprovechar este fin social para diferenciar el producto, utilizándolo como una herramienta competitiva frente a otro producto que ofrezca la misma relación precio-calidad. En el rubro alimentos, podría extenderse con muchos productos, además de los vinos o el aceite de oliva, podría hacerse lo mismo con quesos, galletas, fideos, cereales, etc.etc. Sería exitoso porque si una persona se enfrenta a dos productos de la misma relación precio-calidad, pero uno de ellos le permite además ayudar positivamente en lo social, elegirá sin dudas este último. Esto hace al producto más competitivo frente a otros, siempre que se trabaje bien en la comunicación de este aspecto. Y en un mundo donde mucha gente reflexiona cada vez más sobre los problemas sociales y ambientales, esto funcionará.

Lo que hace falta, es que decidamos invertir nuestro dinero en desarrollar emprendimientos de este tipo; priorizar hacer algo por la sociedad antes que por nuestro bolsillo. Este es el cambio que se requiere. Yo creo que hay cada vez más gente dispuesta a hacer algo así con su dinero y que este tipo de emprendimientos se multiplicará. Sería bueno que algún grupo de capitales importante se decidiera y tomara la delantera con un proyecto a mayor escala que pueda generar un efecto “contagio” en el empresariado.

¿Cuál es tu visión del empresariado social... te considerás un emprendedor social?

Creo que el empresariado social es aún incipiente en el mundo, pero estoy seguro que crecerá mucho y pronto, porque es una forma superadora de generar beneficio social, que es sustentable en el tiempo y se auto-potencia. Creo que el capitalismo es un sistema muy propicio para el desarrollo tecnológico y la innovación, pero genera enormes desigualdades y exclusión. Este mismo sistema presenta un terreno enorme para desarrollar proyectos transformadores que apunten a superar esa exclusión y generar oportunidades en los sectores que hoy no las tienen. El gran problema de hoy es el individualismo, el poner mi progreso delante del de mi vecino. Ese es el cambio que deberíamos lograr. Se necesitan emprendedores que den ese cambio. Yo creo que eso llegará, porque los emprendedores se irán dando cuenta que es mucho más interesante, emocionante y reconfortante emprender un proyecto que genere un bien para los demás y sea exitoso en esto, que es mucho más completo que la pequeñez de crear un proyecto por el único motivo de generar dinero para uno. La gente apoyará además este tipo de proyectos, y los apoyará con su compra.

Quien desarrolle un emprendimiento cuyo fin sea aportar a mejorar la realidad social, es un emprendedor social. Creo que nuestro proyecto apunta a eso.

Conociendo que la idea de este proyecto no es precisamente generarte beneficios económicos ¿que tipo de beneficio obtenés con el mismo que merite o justifique tu implicación?

Está un poco mencionado en la anterior respuesta. Muy por delante del beneficio económico, coloco el beneficio personal que genera saber que lo que uno hace ayuda al desarrollo personal de otras personas, y especialmente de personas que no tuvieron la enorme (gigante) suerte que uno tuvo de poder formarse o crecer en un entorno familiar cálido y sano. Es un desafío mucho más reconfortante y que realmente llena el espíritu. Es algo que le da verdadero sentido al día a día y que da fuerzas para hacer las cosas con entusiasmo y pasión. La gente que uno se cruza en el camino te motiva además a seguir adelante y eso también reconforta y alimenta el circulo virtuoso. El beneficio económico brinda satisfacciones de corto plazo, fugaces y que terminan siendo vacías; esto en cambio realmente llena la vida y el alma.


¿Que le recomendarías a una persona que tenga la intención de llevar adelante un emprendimiento social pero no se anima?

Que escuche lo que dice y grita su conciencia, que el corazón no aguanta teniendo que vivir acallando ese grito. Que no se preocupe por el grito del bolsillo, de una u otra forma eso se resuelve. Que el mundo necesita de gente que enfrente el riesgo de hacer cosas buenas. Que cuando uno hace algo con convicción, las cosas salen y siempre aparecen manos dispuestas a ayudar. Que no se desanime con los primeros golpes. Que busque la satisfacción interior que es la que realmente reconforta. Que la vida finalmente agradece.


Muchas gracias, algo que quieras comentar...

Dejo una frase de Muhammad Yunus que me parece interesante:

“Los seres humanos somos multidimensionales. Ademas de querer prosperar queremos ayudar a los demás. Yo propongo hacer las dos cosas juntas, y eso es hacer negocios sociales, orientados al bien de los demas. En vez de donar millones de pesos, es mejor invertir en un negocio social que se regenera y tiene una vida eterna”

Si te interesa saber más sobre el "Proyecto de Luz":

http://www.selecciondeluz.com/I/

El proyecto en Facebook

jueves, 4 de octubre de 2012

Partenariat RSC y ONG: cinco criterios para financiar un proyecto


Por: Pablo Fernandez S. Hace poco escribí un post sobre la importancia de la relación entre empresas y ONG en la creación de puentes que contribuyan al desarrollo, reflexión que en parte construí en base a los ejemplos concretos que se presentaron en el Foro Convergencias 2015 en París. Ahora bien, una vez que existen las condiciones idóneas para trabajar en partenariat ¿qué sigue? La pregunta sin dudas no tiene una respuesta simple porque son numerosos los factores que influyen en la construcción de alianzas, pero el camino a emprender principalmente por parte de aquellos actores que requieren de financiamiento y las exigencias a las cuáles deben responder para obtenerlo son casi siempre los mismas.

De hecho, por lo general, lo que sigue luego de un acercamiento positivo entre dos partes es una fase que podría denominarse de “estudio mutuo” donde se identifican tanto las prioridades individuales como las mutuas. Es en este momento donde la mayoría de los actores del tercer sector que se apresta a participar en un programa de RSC, por ejemplo, hace hincapié en la comprensión pero sobre todo en la apropiación de los criterios que utiliza el mismo para apoyar emprendimientos sociales. Es el momento de la búsqueda de convergencias y de la verdadera construcción de una sinergía que permitirá obtener beneficios mutuos.

Esta etapa es necesaria porque trabajar en conjunto para dos actores (a veces) casi antagonistas puede significar un verdadero dolor de cabeza. Con frecuencia, asociaciones y ONG con grandes ideas cometen el error de posicionarse de manera altruista ante la búsqueda de fondos o de financiamiento. De la misma forma grandes empresas tienden a adoptar actitudes que pueden interpretarse como mercantilistas y hasta oportunistas de cara a su participación en proyectos de desarrollo a través de programas de RSC. Ambas conductas no colaboran para eliminar las barreras existentes evidentemente.

Para mejorar la relación y allanar el ingreso de ONG al escenario de la RSC las grandes empresas reconocen que es necesario por parte de las primeras, aceptar dos realidades: son los actores privados quiénes poseen los medios económicos para invertir y además también cuentan con la ingeniería interna que permite aportar experiencia de gestión y a la vez evitar el choque cultural entre partenaires que tienen por lo general diferentes visiones. Esto es importante subrayarlo porque a menudo se tiende a olvidar que una gran empresa, por más que impulse alianzas de trabajo a través de sus programas de RSC, tiene una concepción de desarrollo diferente basada en capacidades de trabajo muy diferentes.

En efecto, las ONG, asociaciones o fundaciones que desean involucrarse en programas que programas financiados por actores privados, a veces pasan por alto que para estos últimos “apoyo y colaboración” significa también inversión y como toda inversión privada, esta es acompañada de una reflexión y análisis de gestión acordes que requiere el cumplimiento de exigencias específicas.

De acuerdo a este argumento las empresas se apoyarán básicamente en 5 criterios de valoración antes de implicarse en cualquier iniciativa:

1- Impacto del proyecto. La parte cuantitativa (cuantas personas abarca el proyecto, cuantas personas se encuentran en situación de pobreza, cuántas personas sufren determinada carencia, etc.).
2- Impacto ambiental. Este criterio toma en cuenta el aporte que el proyecto tendrá en la situación ambiental (reducción gases de efecto invernadero, recuperación vegetal, protección de patrimonio, disminución de degradación, reforestación, etc.).
3- Apoyo público. El apoyo de las autoridades públicas será de especial importancia ante cualquier proyecto que involucre a la comunidad.
4- Perennidad del proyecto. El futuro de la iniciativa y su capacidad para generar la autogestión así como la respuesta a quién se hará cargo del mismo una vez que se cumplan los objetivos será vital para obtener el visto bueno de la Dirección.
5- Impacto social. Lógicamente, los cambios sociales (de todo tipo y alcance) que genere una acción de desarrollo serán revisados con lupa antes de tomar cualquier decisión afirmativa.

Numerosas grandes empresas se apoyan en estos criterios para determinar sus acciones de RSC individuales o conjuntas (en alianzas con ONG, asociaciones, fundaciones, etc.). Esto explica que aquellas organizaciones del tercer sector que se declaran exitosas en la obtención de financiación, se apoyan también en estos criterios para cumplir con los requisitos luego que trabajan en partenariat con un actor privado. Estos requerimientos no atentan de ninguna manera contra la independencia de las organizaciones no lucrativas ni contra sus valores, puesto que forman parte del ciclo de proyectos clásico, aceptado casi universalmente.

Al fin y al cabo crear las condiciones para que diferentes actores puedan trabajar en la misma dirección depende de que cada uno desde su posición, se adapte a las exigencias del otro.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Empresas y ONG: una relación necesaria


Por: Pablo Fernandez S. Analizando la historia reciente, se podría decir que el cambio más notorio que se ha producido en los últimos veinte años en la relación empresas - ONG es el reconocimiento sincero por parte del sector privado, de las competencias y capacidades de los profesionales del tercer sector. Lo destacable de este fenómeno que se encuentra aún en plena evolución, es la desaparición de algunos prejuicios que solían impedir la construcción de esa sinergía tan necesaria para acelerar la puesta en marcha de programas de desarrollo exitosos, un verdadero triunfo del pragmatismo.

En efecto la prueba tangible de esta convergencia salta a la vista. La presencia tanto en encuentros nacionales como internacionales (vinculados con el desarrollo sostenible o el medio ambiente esencialmente), de una amplia gama de representantes de medios privados y no gubernamentales que discuten en conjunto sobre nuevas metodologías y tendencias es cada vez más común. Lógicamente, estos encuentros han permitido atenuar divergencias y construir, en base a la experiencia acumulada de cada actor, nuevas prácticas de desarrollo social, ambiental pero también económico.

No obstante, el punto más interesante de esta nueva configuración de trabajo tiene que ver con el futuro. Es que el potencial de esta relación es realmente interesante en cuanto al aprovechamiento pleno de las competencias que cada actor puede aportar desde su posición. Por eso ya no sorprende encontrar profesionales con experiencia en el medio asociativo al servicio de grandes empresas o trabajando como consultores de proyectos de RSE de todo tipo y alcance. El valor agregado de esta colaboración se apoya en la posibilidad de compartir capital humano, de forma que las ONG (asociaciones, fundaciones, etc.) se conviertan en una suerte de brazos sociales de empresas con las cuales comparten valores similares.

Los beneficios de este sistema donde el capital inmaterial permite optimizar las políticas societarias son evidentes. Las alianzas, se sabe, mejoran la comunicación y sobre todo contribuyen enormemente a reforzar la innovación a través de la mejor distribución de recursos y a la adaptación de estrategias. De esta forma las empresas se ven favorecidas al lograr un mayor impacto de sus programas de RSE y las ONG al recibir recursos económicos y administrativos que les permitan crecer vertical y horizontalmente.

Esta suerte de entendimiento funciona finalmente como una palanca de transformación que permite generar un economía más inclusiva disminuyendo el impacto ambiental, evitando la relocalización y sobre todo reforzando la coherencia de los objetivos de unos y otros. Los resultados de muchas empresas que trabajan en estrecha relación con ONG pero también con asociaciones y fundaciones de desarrollo son sorprendentes. La divulgación de los mismos en foros, simposios y conferencias contribuye igualmente a su aceptación. El Foro Mundial Convergencias 2015 celebrado recientemente en París fue la mejor muestra de esta realidad para todos los que tuvimos la suerte de asistir y discutir con sus exponentes.

Estos nuevos "puentes de trabajo" han favorecido asimismo la construcción de las condiciones idóneas necesarias para implicar de lleno a los sectores privados más reacios y adeptos del “all profit”, mutando la visión filantrópica de sus actividades (lo que es una muy buena noticia). Lamentablemente esta tendencia se restringe sobre todo a la realidad europea y no goza todavía de una aceptación plena en nuestro continente, por lo que en nuestro caso habría que preguntarse seriamente donde nos encontramos en este aspecto. Lo único cierto es que la sociedad latinoamericana esta cambiando su forma de pensar en cuanto a sus demandas sobre respeto, desarrollo y medio ambiente, eso lo sabemos. Ahora… ¿no sería conveniente que el sector empresarial en sentido amplio, busque convergencias con el tercer sector para hacer frente más eficientemente a este pedido?.

viernes, 21 de septiembre de 2012

El rol de las empresas en el desarrollo


Por: Pablo Fernandez S. Si bien la Responsabilidad social (RSE) sigue posicionándose lentamente en el accionar privado todavía existen algunas barreras que impiden no solo el avance sino la optimización de los programas que se llevan a cabo. Gracias a la globalización y al networking, entre otros, algunas de estas dificultades están siendo estudiadas en conjunto y gracias a ello ya es posible en algunos casos sacar conclusiones. Las experiencias vienen en este caso desde Europa y nos ayudan a comprender mejor el rol de las empresas en el desarrollo.

En primer lugar durante el proceso, según los especialistas, la primera dificultad que se sigue presentando al momento de iniciar un programa de RSE es la “justificación del porqué se lleva a cabo”. Es que lejos de aceptar esta modalidad como parte integral de cualquier acción generadora de bienes y servicios, aún persiste a lo largo y ancho del sector privado una recurrencia a justificar (ante los inversionistas, dirección, accionistas) cualquier tipo de compromiso asumido en materia social. Este hecho genera de forma indirecta una carga anímica extra en los emprendedores o ejecutivos que, en algunos casos, no están dispuestos a asumir en solitario. En esta realidad la RS sigue siendo una acción filantrópica.

En segundo lugar, para que un programa de RSE surta efecto positivo en el corto o mediano plazo y sirva entonces para convencer a los inversionistas de su importancia, es necesario aplicar una ingeniería transversal en el seno de la empresa. Esta etapa puede convertirse en un dolor de cabeza si no se lleva a cabo en tiempo y forma lo que puede conducir a una mal interpretación de su finalidad. Por eso se recomienda que la inversión inicial debe ser destinada principalmente al fortalecimiento de la coordinación de actividades. Ante ello, los programas más exitosos apuntan a la innovación tecnológica y técnica que permita involucrar a todos los actores (inversores, colaboradores, accionistas y personal) y logre instaurar un compromiso conjunto.

En tercer lugar, existe todavía un problema de legitimidad. El origen del mismo tiene estrecha  relación con el cuestionamiento ético que significa responder la pregunta ¿cuál debe ser el interés de las empresas en la lucha contra la pobreza? Durante el proceso de reflexión que amerita este escenario suelen surgir argumentos y disputas que ponen en el tapete el valor de una inversión enteramente social. De hecho en el sector privado se considera aún que el rol de un emprendimiento económico es generar crecimiento pero corresponde al Estado luchar contra la pobreza. En este contexto claro está muchos empresarios suelen dudar ante el verdadero papel que tiene la empresa como generadora de riqueza y la necesidad real de involucrarse en programas que tiendan a mejorar la calidad de vida de las personas.

Ante esta disyuntiva la experiencia nos dice que la legitimidad de una empresa debe basarse primero en su propia coherencia (respeto de normas, pago de impuestos, pago de cargas sociales, trabajo en blanco, etc.) para emprender cualquier tipo acción socio-ambiental. En efecto esto se basa en el hecho de que si existe una armonía interna, lo más probable es que la demanda de compromiso social provenga sobre todo desde el seno de la empresa, lo que termina convirtiéndose en el verdadero valor agregado (según la relación inversión – retorno).

Este tipo de sinergía responde evidentemente a una nueva forma de concebir el desarrollo. En este sentido es importante recalcar que el rol de las empresas ha ido evolucionando a través del tiempo en un sector en el cuál, por ejemplo, los empresarios sociales constituyen el fenómeno más reciente. Por consiguiente las relaciones de la empresa con la sociedad también han cambiado y hoy forman parte de un proceso de constitución social que involucra necesariamente a otros actores y factores (leyes, normas, certificaciones de calidad).

De esta forma ante las nuevas configuraciones que responden a una demanda muy fuerte de la sociedad, la experiencia dice que la creación de alianzas para compartir competencias técnicas y conocimientos es la mejor salida. Al fin y al cabo la responsabilidad de la distribución de la riqueza y la lucha contra la pobreza es compartida.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

La importancia de la relación empresa-comunidad


Por: Pablo Fernandez S. Hace un tiempo un empresario me comentaba que entre sus más grandes preocupaciones se encontraba la mala imagen que tenía su empresa en la comunidad donde se localizaba. Recuerdo en particular una de sus frases: “la gente de esta zona no entiende que nosotros trabajamos para generar beneficios y que si nos va bien podemos crear puestos de trabajo que al final también los beneficiarán a ellos”. Cuando yo le pregunté cuáles habían sido sus aportes que su empresa había hecho a la comunidad el me contestó “les damos trabajo”.

Sí, todavía existen muchos emprendedores que siguen creyendo que aportar o retribuir a la comunidad se limita a cumplir con sus obligaciones fiscales en tiempo y forma. Esto es un grave error, principalmente porque bajo este enfoque se considera a la comunidad y al medio ambiente como meros actores secundarios ajenos al ejercicio empresarial per se. Bajo esta línea las ganancias de una actividad se valorarían unidireccionalmente perdiendo la noción de sinergía o feedback tan necesaria para el establecimiento y crecimiento sostenible de cualquier actividad.

No debe sorprender, si se tiene esta visión de lo que significa retribución, que la empresa tenga una mala imagen en su zona de acción. En este aspecto hay que recordar que la gente construye su propio retrato de una empresa en base a múltiples factores (trato laboral, trato humano, compromiso medioambiental, respeto jurídico, etc.) pero sobre todo se basa en aquello que puede “ver” o "comprobar" tácitamente. Si la empresa cumple con todos los requisitos de una iniciativa modelo tanto los clientes como la comunidad deben saberlo. Es allí donde prima por una parte la capacidad que tenga la empresa para comunicar sus aportes y, evidentemente, los programas o proyectos que lleve a cabo en beneficio directo de la comunidad.

Esta reflexión tan básica es por tanto aún desconocida en muchos círculos de empresarios y emprendedores acuñados a la vieja escuela. Se ignora que la imagen que proyecte una empresa será tarde o temprano culpable de su éxito o fracaso. Porque si bien es cierto que la calidad del producto o servicio siguen siendo importantes, también lo es la aceptación que tenga en el seno de la comunidad en la cuál se realizan sus actividades, y esto depende de cuán bien se logre difundir aquellas buenas acciones sociales (que deben ser más inclusivas que la simple "generación de puestos de trabajo").

Trabajar con la comunidad no es una tarea fácil pero puede ser muy enriquecedora desde varios puntos de vista. La mala fama o la mala relación entre la empresa y la comunidad pueden ser signos de problemas de todo tipo que deben ser solucionados a priori y nos pueden evitar muchos dolores de cabeza. Es necesario entonces considerar estos aportes como partes imprescindibles de cualquier evaluación para, si amerita, redireccionar la estrategia.

Mejorar la relación empresa - comunidad debe ser en cualquier caso una prioridad absoluta en vistas de cualquier intento de desarrollo o expansión, ya que al fin y al cabo la acogida dependerá siempre de esta interacción.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Nuestras amigas las abejas en peligro de extinción


Por: Pablo Fernandez S. ¿Quién no se quejó alguna vez de su presencia mientras disfrutábamos de un picnic? ¿quién no sufrió una dolorosa picadura o fue perseguido por ellas? Bueno, lo cierto es que las abejas han sido por siempre ignoradas y de alguna manera injustamente discriminadas por el común de la gente, a excepción de los apicultores claro esta, quiénes se benefician de ellas para producir toda clase de productos derivados de la miel. Pero…¿sabemos realmente que hacen las abejas por nosotros?

A inicios del 2011 un informe de las Naciones Unidas expresó su preocupación por la aún inexplicable mortandad masiva de abejas en varias regiones del mundo. Aunque el fenómeno afecta principalmente a Europa y América del Norte (y otros países industrializados) de acuerdo a las cifras citadas la muerte súbita de estos insectos alcanzaría el 85% en algunas regiones, produciendo el asombro de la comunidad científica y encendiendo las alertas de la FAO.

Para entender la importancia del problema basta solo recordar que mas del 70% de los vegetales que alimentan al mundo son polinizados por las abejas, lo que quiere decir que si desaparecieran la producción alimentaria mundial sufriría graves consecuencias en el corto plazo. Según cifras del informe en los últimos años las colonias de abejas disminuyeron más del 20% en Europa, 30% en Estados Unidos llegando inclusive a 85% en Oriente Próximo. Conscientes de ello varias investigaciones se encuentran en marcha para encontrar el origen de esta desaparición y no son pocas las hipótesis que se manejan.

De acuerdo a un documental televisivo reciente (ARTE) las primeras conclusiones de este trabajo indicaron que la contaminación por pesticidas podría ser el origen de la merma de estos insectos en Europa. Esta línea se basa en la prohibición de un insecticida elaborado por una empresa farmacéutica alemana luego de que fuera puesto en entredicho en su país al ser responsabilizado como causante de la muerte de miles de colonias de abejas. Al menos siete apicultores perdieron la casi totalidad de su cría y demandaron a la empresa por perjuicios. Sin embargo esta posible explicación no se aplica a todos los casos, por lo que otras líneas de investigación llevadas a cabo esencialmente por el INRS de Francia y la Universidad de Illinois enfocadas en la identificación de parásitos, virus y bacterias no han sido del todo concluyentes, aún.

Por otro lado, para los apicultores que todavía conservan técnicas tradicionales de cría y cruza de abejas el problema es otro. Durante el último siglo la industrialización ha obligado a aumentar el número de abejas introduciendo nuevas metodologías de crianza destinadas a mejorar el rendimiento. En la actualidad, no solo se crían para producir miel sino que son utilizadas como vectores polinizadores en campos de monocultivo. El más conocido de estos casos se encuentra en el valle de California donde el cultivo de almendros (especie introducida en el siglo XVIII) requiere cada año de esta masa de obreros para polinizar en tiempo y obra miles de hectáreas en solo algunas semanas. Para lograrlo, miles de colonias de abejas de todo el país son trasladadas al oeste del país alterando la fisiología y el hábitat de los insectos. La desaparición de los mismos pone en aprietos esta industria millonaria por lo que se necesitan cada vez más colonias para suplir la demanda.

Este y otros ejemplos ponen de manifiesto que el Hombre ha modificado de manera irresponsable la genética de las abejas para su propio beneficio, provocando que la abeja común Apis mellifera sea cada vez más vulnerable a enfermedades y cambios ambientales. Así lo comprueban los propios productores de “reinas”, quiénes utilizando herramientas químicas para confundir a las colonias, consiguen criar y comercializar abejas reinas en tiempo récord. Este sistema funcional por largas décadas hoy, junto a otros factores, se encuentra bajo sospecha de provocar la desaparición de estos importantes insectos.

Lo más preocupante es que en repetidos casos las muertes de abejas se han dado sin razón aparente, lo que los apicultores llaman muerte súbita. Para colmo, desde que comenzó a ser tratada seriamente esta problemática en 2006, todavía no existen argumentos sólidos para explicar que está sucediendo. Mientras tanto mucha gente desconoce que estos insectos son los grandes responsables de mantener el equilibrio en el ecosistema permitiendo la diseminación genética a través de la polinización natural, es decir, la base de la biodiversidad. El aporte de las abejas es simple: sin ellas la vida en la Tierra se vería seriamente amenazada por lo que la próxima vez, piénselo antes de destruir una colmena por diversión.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Cuando la industrialización ignora al recurso hídrico


Por: Pablo Fernandez S. El extraordinario crecimiento chino acentuado en los últimos años sigue despertando asombro en la comunidad internacional debido entre otros, a su fortaleza y gran competitividad. La admiración surge porque mientras el resto del mundo sufre por las crisis consecutivas que han afectado seriamente el desarrollo, la política de inversión comandada por Pekín se expande a cada rincón del planeta. Sin embargo, si bien en el aspecto económico las cosas parecen ir bastante bien, el elevado costo medioambiental de este auge escapa al hermetismo y a la censura e invita a la reflexión.

Recientemente uno de los semanarios más importantes de Pekín, el Xin Shiji Zhoukan, publicó un artículo sorprendente sobre la calidad del agua potable en el país en los últimos diez años. En contraposición, por así decirlo, a las cifras publicadas por los organismos públicos encargados de la higiene y el agua potable en las zonas urbanas del país, el problema se presenta sobre todo en las fábricas e industrias (que asemejan fehacientemente a pequeñas ciudades). De acuerdo a la publicación, sobre cuatro mil empresas testeadas más de mil proveen agua de calidad no conforme y lo que inquieta aún más, en las comunidades que rodean esas instalaciones el equipamiento de las estaciones de agua es obsoleto. ¿Cuántas personas se ven afectadas? Es difícil saberlo.

Por otro lado, la versión oficial, la  del Ministerio de la Protección del Medioambiente difunde estadísticas que indican que el 70% del aprovisionamiento de agua se ajusta a los estándares de calidad exigidos considerando, dentro de una escala de calidad dividida en cinco categorías donde 1-2 es agua potable y 3-5 impropia, como apta o potable el agua de consumo hasta el nivel 3 (lo que es ampliamente cuestionado por la investigación). Los datos de organismos independientes estiman que este porcentaje no sobrepasa el 50%.

Para entender el problema es necesario retroceder en el tiempo. En 1985 la pureza del agua de consumo humano en las ciudades más importantes no revestía problema alguno. En 2006 la degradación de la calidad del recurso y la naturaleza de los contaminantes empezó a encender las alarmas entre los expertos. Antaño, la contaminación era sobre todo de origen microbiano mientras que en la actualidad se debe a compuestos orgánicos solubles y trazas de metales pesados. Básicamente, hoy, en las fuentes hídricas se encuentra el producto de las industrias que han contaminado cursos de agua y los han convertido en depósitos químicos, con el riesgo que ello conlleva.

En la última década las industrias tradicionalmente localizadas en las zonas costeras se han ido trasladando a las zonas rurales del país, por la mayor parte en el oeste del territorio. Como consecuencia las napas freáticas han sido perturbadas y las técnicas de tratamiento y purificación no se han modernizado. Luego de pasar por la estación de depuración el agua es conducida por conductos hasta cada inmueble de la ciudad. La calidad se ve igualmente afectada por el mal estado de las canalizaciones lo que agrava la problemática. Esto provoca una contaminación secundaria que ha obligado al Ministerio de la Construcción a suspender varios cientos de redes de aprovisionamiento.

A pesar de los esfuerzos de las autoridades por mejorar los controles con el fin de evitar un desastre ambiental los ejemplos se multiplican tanto en el campo como en la ciudad. Esto se debe a que las políticas sobre desarrollo sostenible siguen siendo aún desconocidas para numerosos empresarios locales que ignoran el alcance del impacto que provocan sus actividades sobre el entorno. El ejemplo del estado del recurso hídrico es una muestra de lo que puede estar sucediendo también con los alimentos o el aire. China es solo un caso de industrialización total, pero su suerte y la de una quinta parte de la población mundial dependen de un cambio inmediato en la regulación ambiental y en los hábitos industriales de una clase empresarial que parece desconocer su rol en el problema.

martes, 24 de julio de 2012

La densidad demográfica y el desarrollo sostenible


Por: Pablo Fernandez S. Muy a menudo nos enteramos a través de los medios de comunicación de los inconvenientes atribuidos al aumento notable de la densidad demográfica, sobre todo en países en vías de desarrollo como India, Nigeria o Brasil. A veces, esta situación es igualmente presentada como un grave problema para la salud del planeta. La pregunta que surge cuando reflexionamos sobre los alcances de esta problemática es ¿cómo la abundancia de población afecta realmente al medio ambiente? Las cifras más elocuentes nos otorgan varias pistas para descifrarlo y lo primero que deducimos es que el dilema no está en el espacio sino, sobre todo, en el consumo de los recursos.

Desde 1967 el número de habitantes en la Tierra se multiplicó casi por dos llegando a los 7 mil millones en 2012, de los cuáles el 45% del total se encuentra solo en Asia oriental (incluyendo India y sus países limítrofes). Para entender el desequilibrio en la distribución espacial basta solo mencionar que todo el continente africano apenas acoge el 11% del total y algunos países son tan grandes que parecieran casi desérticos (Canadá, Australia, etc.). Además, cuando observamos que la mayor parte de estas personas se concentra en áreas urbanas como consecuencia del continuo éxodo rural, podríamos creer que efectivamente esto afecta el medio ambiente.

Pero…¿que sucede en realidad con el desarrollo sostenible? ¿esta amenazado por este factor? No, en realidad no existe una relación directa. Por muchos años las teorías de Malthus sirvieron para predecir el riesgo de la sobrepoblación sobre la cantidad de recursos disponibles, pero numerosos ejemplos contradicen esta idea y demuestran que la naturaleza no sigue un patrón matemático. De hecho la mayor parte del territorio de un país es destinado para responder a las necesidades y requerimientos de estas aglomeraciones no para contenerlas.

En principio sabemos que mientras más poblada sea un área más fuerte será la presión sobre el medio ambiente. No obstante, ciertos espacios considerados como frágiles (áridos o semi áridos por ejemplo), casi despoblados, sufren a veces perturbaciones ecológicas irreversibles al margen de la densidad poblacional. Ahora bien, Brasil, China e India por ejemplo, son países con una alta población pero con una “baja” densidad y otros como Japón u Holanda se destacan por su altísima densidad en territorios más reducidos. En todos ellos la presión ambiental es muy alta, sin embargo las perturbaciones difieren ampliamente. El tema no es “cuanto” sino “como” se explotan esos espacios ya que la ocupación del terreno no es un problema. La razón de estas diferencias tiene que ver con la eficacidad de la producción y el uso de técnicas agrarias modernas que evitan la degradación permanente del suelo.

Por otro lado, Europa y Estados Unidos por ejemplo producen casi el 40% de su PBI en apenas el 5% de su superficie territorial. Entonces ¿adonde está el problema? Si consideramos que de ese 40% solo un porcentaje minúsculo corresponde directamente a la agricultura, notamos que la riqueza sigue siendo principalmente industrial o terciaria pero no agrícola. Esta escogencia en la forma de producir beneficios económicos se sustenta sobre un modo de vida basado en un alto nivel de consumo de recursos y por consiguiente, en la producción de residuos y emisiones que contribuyen al efecto invernadero. Por consiguiente las consecuencias negativas sobre el desarrollo sostenible provienen de los hábitos de consumo y no de la densidad demográfica en sí.

Con dos hectáreas por habitante la Tierra no está sobre poblada, por lo que el crecimiento demográfico no es a priori una amenaza para el planeta ya que la densidad sigue siendo un factor neutro (ni bueno ni malo) para el desarrollo sostenible. El Hombre en si mismo no es una amenaza, sino la creación constante de nuevas necesidades alimenticias y tecnológicas que requieren un gran consumo energético y tienen un impacto significativo sobre el medio ambiente.

martes, 17 de julio de 2012

La educación escolar y el desarrollo sostenible


Por: Pablo Fernandez S. Un principio no escrito señala que sin educación el desarrollo sostenible no es posible. Este razonamiento es indiscutible si consideramos que una persona que no sabe leer ni escribir difícilmente pueda participar del crecimiento socio económico de un país y mucho menos impulsar la conservación del medio ambiente en el seno de su comunidad. En el siglo XXI, como nunca antes, la falta de acceso a la información se interpreta como una minusvalía que puede condenar a las personas a la segregación y a la discriminación. Voilà la importancia de comenzar a tomar en cuenta más seriamente esta problemática.

Para comenzar es importante aclarar que el acceso a la educación según la óptica ambientalista, no se restringe solo a poseer conocimientos que le permitan a un individuo escribir, leer o contar, sino que se extiende al desarrollo de una capacidad para comprender el entorno fruto de un proceso de formación inicial. En efecto, bajo esta premisa, la comprensión es necesaria principalmente para identificar los elementos perturbadores que amenazan el medio ambiente, la biodiversidad y el clima que rodean a los seres humanos, y por consiguiente, poder participar en los procesos de cambio y sensibilización derivados.

En este contexto la alfabetización es uno de los indicadores más importantes a tener en cuenta cuando hablamos de desarrollo sostenible aunque sea a menudo menospreciado sobre todo en Occidente. Pero ¿porqué es tan importante?, simplemente porque el desarrollo de un país depende cada vez más de su capacidad de generar conocimiento. En esta parte del mundo esto es evidente si subrayamos que los únicos países que se encuentran por debajo del 90% de tasa de alfabetización de adultos (Nicaragua, Haití, Bolivia y Guatemala, según la UNESCO, 2004) son a su vez los menos desarrollados de la región. Es más, en otras zonas geográficas de África, Medio Oriente y Asia meridional los datos (que pueden ser inclusive inferiores al 50% en países como Etiopia, Yemen o Pakistán) también lo confirman.

La correlación entre pobreza, PBI y baja escolarización es evidente. En la mayoría de las naciones pobres no existen políticas ni partidas económicas suficientes para sostener la escolarización de sus habitantes y por ende los problemas originados se multiplican. Esto representa un grave problema ya que la baja alfabetización en estos países es una barrera que les impide mejorar sistemáticamente su crecimiento económico y por consiguiente mejorar la calidad de vida de sus habitantes a través del desarrollo sostenible. Por desgracia, muy a pesar de los esfuerzos individuales y de los programas impulsados por las Naciones Unidas en los últimos 50 años (que han logrado avances notables en este aspecto), las cifras actuales revelan que todavía falta mucho por hacer.

En la misma línea, para entender el problema, se necesitan buenos indicadores y al referirnos a la alfabetización los años de escolarización representan la mejor herramienta para lograrlo. Partiendo de que nuestro proceso de comprensión como seres humanos es casi uniforme, es posible generalizar el hecho de que durante la etapa inicial de crecimiento se necesitan solo algunos meses para descifrar letras y palabras y no más de dos años para comprender textos y efectuar operaciones matemáticas simples. Sin embargo se requieren muchos años más para lograr una comprensión profunda de esos conocimientos que permitan desarrollar capacidades de análisis, interpretación y reflexión propias de un adulto joven. Eso se traduce indudablemente en progreso.

El peso de la escolarización en el desarrollo no deja lugar a dudas. Mientras que para algunos países africanos esta no supera los 4 años (Burkina Faso) o los 7-8 años para países del Asia meridional (Bangladesh, India), en Europa y América del Norte esta cifra puede alcanzar 16 años (Canadá). Proporcionar 16 años de educación a cada persona representa una gran ventaja, proporcionar 4 un gran problema. Los factores que sirven para explicar estas diferencias son muchos y muy variados y no están ligados únicamente al factor económico, pero son determinantes en el crecimiento. Esta realidad es más preocupante aún cuando el acceso a este derecho difiere entre sexos. De acuerdo a la UNESCO la desigualdad en el acceso a la escolarización afecta especialmente a las mujeres y de hecho, en países como Tchad, Somalia o Pakistán, el porcentaje de mujeres escolarizadas no sobrepasa el 65% respecto a los hombres.

Para el desarrollo sostenible la educación transversal es un desafío imprescindible. El rol de las mujeres en la protección del medio ambiente, la salud y el impulso económico es esencial porque son generalmente las encargadas de transmitir a los niños la adopción de costumbres y buenas prácticas de higiene. Las mujeres además participan, cuando las costumbres locales lo permiten, en todos los ámbitos económicos y sociales con gran suceso y tienden a preocuparse más que los hombres (en general) por la degradación ambiental. Asimismo, la correlación entre la alfabetización de mujeres y otros problemas ligados a enfermedades, tráfico y explotación, natalidad, etc. ponen de manifiesto la preponderancia y la necesidad de revertir esta situación y luchar por el acceso igualitario a la educación.

Uno de los objetivos para el Milenio indica que para 2015 todos los niños y niñas del planeta deberían tener los medios necesarios para acabar al menos un ciclo primario de educación. Lo cierto es que mientras las dificultades persistan y la desigualdad se mantenga el desarrollo sostenible de las naciones no podrá implementarse, al menos mientras se siga ignorando el papel de la educación en el progreso humano.