martes, 20 de marzo de 2012

El Informe Brundtland, 1987-2012


Por: Pablo Fernandez S. El Informe Brundtland (Dra. Gro Harlem Brundtland) es un reporte socio económico y ambiental presentado luego de la Comisión Mundial del Ambiente y el Desarrollo celebrada en Tokio, Japón, en 1987. El mismo evidencia en síntesis los problemas ambientales globales y propone una serie de medidas que deben ser consideradas para revertir el proceso. El Informe Brundtland se destaca por abordar oficialmente, por primera vez, el concepto de desarrollo sostenible.

Hace poco más de 25 años la Comisión encabezada por la Dra. Brundtland advertía sobre el profundo cambio en la relación “ser humano – planeta” durante el siglo XX, destacando como el crecimiento demográfico desmedido y el aumento en el uso de la tecnología estaban provocando una alteración evidente en la atmósfera, el suelo, el agua, la flora, la fauna y las relaciones entre todos estos elementos. Numerosas circunstancias (sobreexplotación de recursos en América latina y África, degradación del suelo y la agricultura ligada a pesticidas, la catástrofe de Chernobyl y la destrucción de la capa de ozono) alentaban la hipótesis de que la humanidad había alcanzado el límite en su relación con la naturaleza, por lo que era necesario desarrollar de forma concreta y realista acciones para combatir estas temáticas alarmantes.

Paralelamente en aquellos años también se enfatizaba “la frustración” ante los intentos inocuos de instituciones políticas y económicas para adaptarse y sobrepasar las dificultades en conjunto. La eterna discusión de quién debía pagar los platos rotos en materia de medio ambiente recién comenzaba a gestarse y las responsabilidades lejos estaban de ser compartidas. No obstante, en medio de este panorama conflictivo, como una bocanada de aire fresco aparece por primera vez de forma oficial el concepto de “desarrollo sostenible”, una nueva forma de concebir el desarrollo post Rostowiano.

En Informe en 1987.

Partiendo de la premisa de que “el desarrollo toma lugar en cualquier lugar donde el hombre es activo”, el término aparece como un vocablo superlativo y conceptualmente político a nivel global. El mismo, se apoya en la voluntad por crear el cambio, con necesidades ambientales, sociales y económicas que deben ser concebidas y ejecutadas en un proceso integral de desarrollo. En clara oposición a las metodologías imperantes el concepto de “desarrollo sostenible” implica además el progreso humano como avance social, base logística de una nueva era industrial. Además, como una premisa léxica aparece en su esencia el concepto de “solidaridad” en el espacio (unirse regionalmente para combatir problemas comunes) y en el tiempo (no comprometer los recursos de las generaciones futuras).

Por el lado ejecutivo, en contrapartida de los numerosos problemas geopolíticos, la Comisión Brundtland apelaba al compromiso de la población (actor siempre secundario) en todos los niveles, argumentando que la educación en término amplio es fundamental para cambiar las actitudes en cada punto del planeta. Para ello era necesario difundir la información y por tanto, contar el apoyo de los medios de comunicación de masas pero también de padres y profesores y de todas las personas informadas.

Ya en 1987 el Informe subrayaba la importancia de los años a venir, cruciales para romper con el pasado y acabar con los mismos métodos de desarrollo que solo han ayudado a incrementar la inestabilidad. Como un deseo más que una previsión, el documento preveía “una transición exitosa hacia el desarrollo sostenible en el año  2000 y más allá” lo que “requería de un cambio masivo en los objetivos sociales”. Para lograrlo el Informe Brundtland preconizaba:

1- Revivir el crecimiento (la pobreza es la mayor fuente de degradación ambiental).
2- Cambiar la calidad del crecimiento (equidad, justicia social y seguridad deben ser reconocidas como metas sociales de máxima prioridad).
3- Conservación del medio ambiente (agua, aire, suelo, bosques)
4- Asegurar un crecimiento demográfico sostenible.
5- Reorientar la tecnología y el manejo de riesgos.
6- Integrar el medio ambiente y la economía en los ámbitos de decisión.
7- Reformar las relaciones económicas internacionales.
8- Reforzar la cooperación internacional.

El Informe en 2012.

Como una paradoja, 25 años después, el Informe Brundtland sigue vigente y muchas de sus consideraciones siguen aún sin resolverse, tanto, que el mismo podría haber sido concebido perfectamente en 2012 y pocos notarían la diferencia. La pregunta es ¿hasta que punto es factible evaluar los problemas ambientales globales coherentemente, cuando la mentalidad de análisis costo-beneficio carece aún de responsabilidad y solidaridad?.

Compartir la convicción de la Comisión “Brundtland” de que es necesario construir un futuro que sea más próspero, más justo y más seguro para todos; sosteniendo y expandiendo las bases ecológicas para el desarrollo es naturalmente posible. Solo hay que convencer y convencerse de que es imperioso trabajar para el medio ambiente y no con el medio ambiente.

En 1987 el Informe subrayaba que “lo que hoy podría parecer difícil o imposible puede ser posible en el futuro”. Estamos a tiempo no solo de aprender o pensar, sino a actuar en consecuencia, 25 años después.

2 comentarios:

  1. Muy buen artículo! Me sirve bastante. Me gusta saber que el informe buscaba efectivamente mejorar el medio ambiente, cosa que en la practica actual, como bien marca en un momento el texto ("la mentalidad de análisis costo-beneficio carece aún de responsabilidad y solidaridad"),todavia no se ha llevado a cabo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. si la verdad es bastante interesante y desepcionante que bastantes acuerdos que se han dado a coocer no se llevan a cabo y asicomo salen mas medidas para prevenir el daño al medio ambiente hay mas daño...

      Eliminar