viernes, 23 de marzo de 2012

Holanda: ¿País verde o país gris?.


Por: Pablo Fernandez S. Hace algunas semanas Holanda junto a otros países europeos (entre ellos Italia y España) se comprometieron a crear una nueva infraestructura europea de investigación medioambiental, llamada “LifeWatch”, dedicada a la investigación de la biodiversidad de los ecosistemas. Esta iniciativa de liderazgo no sorprende, debido a la excelente reputación que tiene este país en materia ambiental, principalmente en educación, sensibilización y reciclaje.

Ampliamente conocido es que en Holanda sus habitantes son respetuosos del ambiente ya que prefieren la bicicleta al automóvil, una gran mayoría separa los residuos domésticos para un reciclado correcto y se esmeran por apoyar campañas verdes con carácter solidario. Sin embargo, la realidad es que el problema de la contaminación en este país se ha agravado en los últimos años y contrariamente a la “reputación” que los antecede, y se están quedando atrás en materia ambiental.

Causas y argumentos.

En las últimas décadas la altísima densidad de población (393 hab/km2) de los Países Bajos ha afectado el medio ambiente de manera integral. Para comenzar, la ocupación del territorio para la explotación agrícola y hortícola ha provocado un fuerte impacto y por ende un marcado deterioro en la riqueza del suelo. Los innumerables esfuerzos por ganar terreno al mar han dejado de lado los esfuerzos por evitar una sobrecarga de actividad sobre su suelo.  Asimismo, la industrialización del país y el elevado número de automóviles que circulan por sus carreteras han contribuido al aumento creciente de la contaminación atmosférica. El desarrollo holandés sigue dependiendo de los tres sectores industriales más importantes: la industria petroquímica, la agricultura intensiva y la logística.

Según un artículo reciente aparecido en NRC Handelsblad, Holanda es el país que alberga las aguas más contaminadas del continente y el que pierde más años de vida de sus habitantes debido a la concentración elevada de partículas finas en el aire. El mismo, se justifica en un informe de la Fundación Naturaleza y Ambiente (Natuur en Milieu) que en contradicción con la propaganda gubernamental y la reputación internacional, señala al país como gris y sucio.

Más preocupante aún son las cifras relacionadas con el desarrollo sostenible y el uso de energías alternativas. Según el reporte, Holanda con un 3,8% de utilización de energías sostenibles se encuentra solo por encima de Chipre y el Reino Unido, entre los porcentajes más bajos de Europa. Esta cifra muestra claramente que el país continúa aún aferrado al modelo de carburantes fósiles. Por otro lado, a nivel de Salud, el Instituto de Salud Pública y del Ambiente informó que en 2010 más de dos mil personas fallecieron como consecuencia de la exposición a las partículas finas (resultantes de combustiones fósiles).

El Modelo no se toca.

Según el informe la situación no parece inquietar a los miembros del gobierno. Los datos revelan que en la actualidad, los carburantes fósiles gozan de una ayuda fiscal de 6 mil millones de euros por año contra solo 1,5, para aquellos provenientes de energías alternativas. Para colmo, el país da muestras de reorganizarse alrededor de las mismas energías no renovables sin planes de cambio en el mediano plazo. Mientras el Reino Unido, Alemania o Italia invierten actualmente más de 17 mil millones de euros por año en energías limpias y sostenibles, los Países bajos no sobrepasan los 2 mil millones en el mismo rubro.

Este ejemplo invita a la reflexión general en materia de ambiente y energía. Por un lado la imagen bien de país verde que progresa en sinergia con la naturaleza gracias al apoyo de sus habitantes; por otro, la realidad de un país que no quiere renunciar a las mismas prácticas de desarrollo que contaminan su suelos, sus aguas y sus bosques y hace caso omiso a la realidad. Es tiempo de reconocer que, si bien queda mucho camino por mejorar, la conciencia en nuestro continente esta evolucionando rápidamente, no solo en las personas comunes sino en sus gobernantes. Numerosos ejemplos nos hacen pensar que esto esta ocurriendo. En un futuro, tal vez, el ejemplo de desarrollo sostenible lo podamos dar nosotros, en Latinoamérica.

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