lunes, 5 de marzo de 2012

El pragmatismo del desarrollo en peligro de extinción


Por: Pablo Fernandez S. Cada año numerosas organizaciones no gubernamentales (ONG) se integran vigorosamente al mundo del desarrollo internacional y por consiguiente otras alternativas surgen como contrapeso a la realidad de los grandes mercados y la macroeconomía. Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones, las nuevas ideas y proyectos en su mayoría no llegan a buen puerto. ¿Cuál es la realidad del desarrollo internacional en la actualidad? Decenas de países dependen de la ayuda externa para progresar e implementar proyectos de bien social, con sus instrumentos de vanguardia, las ONGs, a la cabeza de la captación de fondos. El problema, es que el poder de decisión sobre que debe desarrollarse parece haberse concentrado radicalmente en aquellos que disponen del dinero, el destino de la cooperación responde hoy, más a objetivos políticos que a problemas reales. En el gran mundo del desarrollo el sentido común se encuentra en peligro de extinción.

Si bien la polarización de la cooperación internacional es un problema de larga data (entiéndase: países ricos y desarrollados y sus agencias de cooperación gubernamentales), el mundo ha logrado grandes progresos gracias  a numerosos proyectos y programas impulsados básicamente por el primer mundo. Lamentablemente, desde su utilización como herramienta de apoyo y ayuda, hasta su uso como arma de manipulación, presión política, el desgaste es cada vez más evidente y se agrava con el paso de los años mientras las soluciones brillan por su ausencia. Quién trabajó o trabaja en cooperación internacional, más de alguna vez se preguntó porqué nadie parece deducir, como miembro estratégico de una agencia de cooperación, que la burocracia en el acceso al financiamiento no ayuda, por el contrario, entorpece, resta y complica el desarrollo.

Las vicisitudes contemporáneas exigen cada vez mayor responsabilidad y exigencia en todos los niveles organizativos, una mejor preparación de sus miembros y sobre todo un saber hacer pragmático, directo y efectivo. Una organización no gubernamental requiere mucho trabajo, un gran esfuerzo y dedicación, porque su función básica es principalmente sobrevivir, seguir existiendo, para colaborar con el que no puede ayudarse a sí mismo, transformarse en imán para aquellos que buscan una mejor vida para los que menos tienen a partir de su propio aporte. Cada año, aquellas personas que buscan una solución para sus comunidades, para sus escuelas, para sus comarcas, encuentran un oasis en las ONGs que a menudo actúan como parches de programas gubernamentales incompletos. El problema es que los grandes colaboradores del mundo parecen haberse olvidado del sentido esencial de su existencia: la cooperación.

Mientras algunas agencias exigen el aporte propio del 50-60-70% del total del presupuesto de un proyecto, otras incluyen formularios que tardan, en el mejor de los casos, varios meses en ser debidamente completados, para luego perderse en un mar de “llamados de oferta”, en un intento de democratización que solo agrega piedras en el camino. Quiénes trabajan en estas grandes organizaciones de cooperación a menudo parecen ser personas con mucho interés en el desarrollo de los países emergentes. Políticamente correcto, económicamente viable y moralmente atractivo, los actores del desarrollo internacional se desperdician en el mundo de los discursos y las reuniones de gestión, comenzar la carrera dando el primer paso parece ser parte de un libro que nadie leyó. El financiamiento de proyectos se tornó un asunto de pocos.

En una ONG promedio el presupuesto que se obtiene a través de donaciones, colaboraciones o financiamiento externo, se utiliza en más de un 80% (en algunas puede alcanzar el 90%) en los proyectos y programas en obra, el desarrollo directo, como respuesta a los males contemporáneos. Sin embargo, acceder al financiamiento para poder llevar esto a cabo es cada vez más una proeza. En la mayoría de los casos, para cada institución financiadora debe hacerse un estudio que identifique cuáles son sus intereses en la región, la premisa general de colaboración, los objetivos específicos del fondo de ayuda, la relación gubernamental que mantenga el país o región con el país destino de la ayuda, etc, etc, etc. En esta carrera de exiguos, al fin y al cabo siempre terminan ganando y perdiendo los mismos protagonistas, aquellos que necesitan realmente la ayuda para seguir creciendo, para progresar económicamente en sus comunidades y obtener la independencia de criterio que genera el poder levantarse por sí mismo.

¿Porqué no buscar una solución?, aligerar el camino al financiamiento para aquellas ONGs que trabajan en los países más necesitados es por lo tanto imperante. En este sentido la burocratización de la ayuda es absolutamente anacrónica y contraria a los principios mismos de la cooperación para el desarrollo, lograr un equilibrio entre lo legalmente correcto y la flexibilidad del acceso financiero es un desafío. Pero progresar es un objetivo aún mayor. No obstante, aliviar los requisitos no significa en lo absoluto aumentar el riesgo de fraude, mejorar el sistema de financiamiento requiere sobre todo de una enorme voluntad para entender cuáles son las necesidades inmediatas, y para ello es indispensable reforzar el ligamen con los actores principales: las ONGs.

El desarrollo, léase cooperación internacional, hoy nos propone un gran desafío a todos los que estamos involucrados en esta obra. Trabajar de manera armoniosa puede entonces traducirse en acción, una fortaleza de quiénes osamos buscar nuevas alternativas de desarrollo en estas latitudes.

Esto es diametralmente posible, optimizando nuestros recursos se puede trabajar sin depender de los intereses de aquellos que financian, construyendo puentes de ayuda mutua directamente con las comunidades. Por otra parte, forzándonos a buscar alternativas de financiamiento la colaboración entre ONGs se vuelve fundamental, como una demostración de pragmatismo de la cual carecen muchos grandes actores; es por lo tanto viable alcanzar los objetivos, aunque los que más podrían ayudar sigan inventando nuevas formas de organización que perjudican.

PFS Consulting

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