jueves, 12 de abril de 2012

Cinco preguntas para saber si somos consumidores responsables


Por: Pablo Fernandez S. Uno de los aportes más importantes que podemos hacer como individuos para mejorar la calidad ambiental es limitar nuestro consumo. ¿Porqué? simplemente porque la raíz de los problemas ambientales es el consumo desmedido de energía, recursos naturales y alimentos. Desde hace algunos años sabemos a ciencia cierta que el entorno natural es capaz de soportar un pico máximo de actividades humanas y un pico máximo de desechos. Cuando se traspasan esos límites el impacto ambiental es negativo y entonces aparecen los problemas.

Por ello, el medio ambiente dejó de ser una temática de interés menor para convertirse en parte fundamental de nuestras vidas, queramos o no, ya que forma parte de nuestra calidad de vida. En efecto, la estabilidad laboral, el ingreso económico, la cobertura de salud y el acceso a la educación están intrínsecamente ligados entre si y con el ambiente. Es por eso que nuestro rol en cada una de estas variables repercutirá tarde o temprano en nuestro entorno ambiental, individual y colectivo.

Entender que todos podemos actuar en consecuencia y contribuir a disminuir el impacto ambiental negativo es una obligación, evaluando nuestro compromiso y juzgando nuestras acciones en una suerte de “dime cuanto consumes y te diré quién eres”. Las siguientes cinco preguntas pueden ayudarnos a saber si colaboramos con el ambiente, o más bien, si somos parte del problema.

1) ¿Cuánta energía consumimos?

La primera pregunta de todas tiene que ver con la energía que consumimos en nuestro hogar: ¿Conocemos con certeza cuanto gas y electricidad utilizamos? ¿o solo nos interesamos por el valor del recibo al final de cada mes?. Consumir eficientemente puede disminuir cuantiosamente nuestra factura mensual además de colaborar como ciudadanos responsables. Apagar televisores, dvd, juegos de video, ventiladores, cocinas o estufas cuando no las necesitemos es lógico, pero la mayoría de las personas no lo hace. De igual modo, reemplazar bombillas o focos tradicionales por bombillas fluorescentes de bajo consumo puede diminuir nuestro consumo eléctrico para iluminación entre un 50% y un 80%, además de ser mucho más duraderas.

Dato: desconectar los aparatos eléctricos del tomacorriente puede ahorrar hasta un 10% del consumo promedio energético general de una casa.

2) ¿Cuál es nuestro medio de transporte cotidiano?

El automóvil brinda comodidad e independencia pero ¿es realmente imprescindible para trasladarnos a nuestro trabajo? Utilizar transportes en común disminuye nuestra emisión de CO2 y contribuye a aligerar el tránsito limitando la contaminación ambiental. Si tenemos en cuenta que los motores de gasolina emiten entre 2 y 2,3 kg de CO2 por cada litro de gasolina carburado mientras que los motores diésel producen unos 2,6 kg de CO2 por cada litro, para un trayecto de 10 km podemos disminuir nuestras emisiones hasta en 40 kg de CO2 por día.

Dato: al menos uno de cada dos automovilistas en el mundo viaja solo. Compartir el automóvil con otros compañeros de trabajo es una buena opción para fomentar el transporte responsable en las empresas.

3) ¿Cuál es nuestra actitud frente al consumo de alimentos?

Cuando vamos al supermercado tenemos tendencia a comprar no lo necesario sino lo que creemos necesario. Comprar de más puede provocar que nuestros alimentos frescos se arruinen y debamos desecharlos por lo que revisar las fechas de vencimiento es imprescindible para evitar el desperdicio. Es importante entender también que nuestros hábitos de consumo van a repercutir siempre en la “demanda general”, por lo que comprar de más puede traducirse también en un aumento de precios, ya que el equilibrio oferta-demanda es muy inestable. De igual manera, escoger productos que respeten el medio ambiente (normalmente etiquetados como tal) es una práctica valedera para un consumo responsable (existen numerosas empresas que llevan adelante prácticas de gestión ambiental para reducir su impacto global y el de sus productos).

Dato: Los productos eco-friendly tienen etiquetas visibles que los identifican. En Alemania es el “ángel azul”, “NF” en Francia, el “cisne blanco” en Dinamarca, “AENOR” en España.

4) ¿Cuánta agua consumimos?

Desde que tenemos acceso al agua en nuestros hogares su consumo se ha potenciado y el derroche de agua es un problema grave en zonas de baja reserva hídrica. Para tomar conciencia de ello basta solo citar algunas cifras de consumo: cepillado de dientes con grifo abierto 7 litros, ducha diaria de 5 min entre 50 y 80 litros, uso del inodoro entre 8 y 15 litros, fregado de platos con el grifo abierto 100 litros, etc. Cambiar nuestros hábitos cotidianos irresponsables puede repercutir positivamente en nuestro bolsillo.

Dato: El goteo de un grifo en un día puede desperdiciar hasta 30 litros en un día.

5) ¿Qué hacemos con nuestros residuos?

La producción de residuos es exponencial. En Argentina desde el año 2005 por ejemplo, se conoce que cada persona produce en promedio 1 kg de basura por día, y se espera que en 20 años ese número se eleve a 1,25 kg por persona por día. El tratamiento de estos residuos representa no solo un verdadero problema medio ambiental sino también un problema de salud humana. Colaborar en la diminución de residuos implica un compromiso importante de cada persona. Adoptar prácticas tan simples como llevar sus propias bolsas al supermercado, comprar productos sin exceso de embalaje, preferir productos con envases biodegradables, consumir productos con envase retornable, etc. puede marcar una diferencia notable en nuestra producción diaria de residuos.


Identificar nuestros malos hábitos de consumo es imprescindible para mejorar nuestra calidad de vida y de nosotros depende corregir o mejorar nuestro impacto en el medio ambiente.


Dato: Existen numerosos consejos para reducir residuos, click aquí.

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