martes, 24 de abril de 2012

La Amazonia en jaque


Por: Pablo Fernandez S. La Amazonia ha sido considerada desde siempre como uno de los tesoros naturales más importantes del planeta. Gracias a su extraordinaria biodiversidad fue declarada en 2011 como una de las siete maravillas naturales del mundo y orgullo de América del Sur, junto a las Cataratas del Iguazú. No es para menos, esta formidable selva constituye el bosque tropical más extenso de la Tierra, con más de 6 millones de km2 repartidos entre 8 países de Sudamérica, de los cuáles, Brasil y Perú poseen la mayor parte de su extensión y por ende una mayor responsabilidad de cara a su protección y explotación.

Sin embargo a pesar de la admiración mundial las cosas no han sido fáciles para la Amazonia. Numerosas actividades económicas han contribuido al rápido crecimiento de la deforestación, destinando tierras con fines ganaderos y para el cultivo de soja principalmente. No obstante, sin tomar en cuenta el desequilibrio demográfico y los conflictos entre terratenientes y campesinos por el control de las tierras, el mayor problema que asoma otrora es el uso del caudal de los ríos tributarios del Amazonas para la producción de electricidad. En este contexto, Bolivia, Brasil, Ecuador y Perú han dirigido su mirada hacia caudaloso río para construir nuevas represas hidroeléctricas como parte de una estrategia energética dirigida a suplir el aumento de la demanda interna.

Según una investigación reciente del CIEL en Washington D.C. (Centro para la Legislación Ambiental en Internacional en español) actualmente existen más de 150 proyectos de embalse en carpeta, que podrían afectar seriamente la conexión geográfica y el flujo de los ríos que bajan desde los Andes y alimentan el río Amazonas. De acuerdo a este informe, casi la mitad de estas iniciativas se encuentran en proceso de construcción, primordialmente en seis grandes ríos tributarios del Amazonas (Marañon, Napo y Caquetá entre otros).

Lo más preocupante es que el tamaño de las represas previstas se ajustan al calificativo de "Mega represas" (superior a 100 MW) lo que provocaría un impacto ambiental significativo, en una zona de frágil equilibrio ecológico. Hay que recordar que desde las montañas andinas bajan la mayoría de los sedimentos y nutrientes orgánicos que sirven para alimentar el ecosistema amazónico y a las especies de peces de importancia económica que allí habitan. La construcción de una represa hidroeléctrica produce perturbaciones en el recurso hídrico, edáfico, forestal, atmosférico, faunístico y florístico, lo que implica un gran compromiso de cara a compensar el impacto.

Estos planes reflejan además otro problema esta vez de índole participativo. Si bien desde antaño se han intentado llevar a cabo políticas de integración económica regionales en el subcontinente, el fracaso de estrategias conjuntas de desarrollo ha impedido la unión política necesaria para encarar proyectos comunes con sinergia, fundamental para alcanzar el éxito. En esta línea, los proyectos hidroeléctricos se siguen evaluando y planificando en forma individual sin tener en cuenta objetivos transnacionales, sobre un espacio compartido. Esto queda de manifiesto al no existir grandes obras comunes y al decantamiento por la construcción de mega represas de alto impacto, por encima de represas de menor tamaño que no modifican gravemente el flujo de los ríos tributarios del Amazonas.

Tristemente, la falta del diálogo y pragmatismo económico caracterizan la forma de concebir el desarrollo en Sudamérica. La Amazonia es un todo y no puede ser vista como partes individuales sin relación alguna. Los planes estratégicos de los gobiernos implicados no consideran el posible impacto que estas construcciones podrían generan en una zona que posee un equilibrio ecológico que se remonta a millones de años. La Amazonia y su río no deberían amenazarse por intereses particulares, sobre todo cuando su preservación es tan importante para el mundo.

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