martes, 15 de mayo de 2012

Una gran idea para incentivar la conservación se exporta desde Paraguay


Por: Pablo Fernandez S. Suelo pensar que cuando las ideas emergen nada parece ser imposible, y si bien en el Mundo existen todavía muchos "imposibles", es debido a que no siempre emergen buenas ideas. Uno de esos casos difíciles y sin solución en medio ambiente es la conservación de los bosques. Cada vez más amenazados y en constante riesgo, sobre todo en países tropicales que los albergan, cada año se pierden millones de Ha de bosque virgen y con ello miles de especies de flora y fauna. Contra las buenas intenciones, se siguen imponiendo sin freno el peso de las razones de una problemática tan profunda como polivalente, atiborrada de elementos (social, económico, cultural, y si, medioambiental) tan dispares como lógicos.

Asimismo, sabiendo que dentro de todo el principal problema de la conservación sigue siendo el factor económico, una nueva estrategia de conservación está comenzando a crecer progresivamente, y hasta el momento representa una bocanada de aire fresco. En Paraguay, se conoció que una ONG (Guyra) y una Comunidad Indígena local lograron la compra conjunta de un territorio que ambas proyectaban conservar. Un gran logro, sobre todo si tenemos en cuenta el origen de los fondos que posibilitaron que esto sea posible.

En un reportaje que Alberto Yanosky, Director de Guyra, diera a la BBC recientemente explicaba que el sitio en cuestión era objeto de reclamos desde hace varios años por el pueblo Mbya guaraní, ya que se encontraba en manos privadas. Frente a esta situación los dos caciques indígenas y la ONG comenzaron a trabajar juntos para adquirir por partes iguales las 274 Ha de un terreno que se encuentra en el sur de Paraguay en una región de importante riqueza vegetal. Gracias a la ayuda de Birdlife International, el proyecto se difundió atrayendo filántropos interesados en participar y poco a poco se logró el cometido. Con mucha voluntad e ingenio, se logró recaudar la suma necesaria que se alimentó con el aporte de ciudadanos de varios países, un joven trotamundos que viajó por todo el continente y hasta una pareja que pidió como regalo de bodas, dinero para la adquisición de las tierras.

Ahora el predio se encuentra administrado por Guyra y otra ONG local que junto a la Comunidad Mbya se encargan de su protección. Pero además existe un compromiso de traspaso definitivo del otro 50% a la Comunidad indígena en un plazo de 10 años si existen las condiciones idóneas de capacitación que actualmente promotores ambientales se encuentran llevando a cabo. Así, el pueblo Mbya podría recuperar totalmente y sus tierras integralmente como antaño.

Esta innovadora estrategia que implica el compromiso de diversos y variados actores ya se esta exportando y el caso ha sido presentado como una alternativa innovadora de compromiso y preservación ambiental en eventos internacionales. En un futuro próximo, organizaciones y comunidades de países tan distantes como Camerún, Vietnam o Filipinas podrían copiar el ejemplo  y concertar una salida no solo a la conservación natural, sino a la devolución y al reconocimiento histórico de tierras ancestrales.

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