jueves, 21 de junio de 2012

La biodiversidad del planeta en peligro


Por: Pablo Fernandez S. Un reporte reciente de la UICN puso otra vez en el banquillo de los acusados al Hombre, como máximo responsable de la desaparición progresiva de especies de animales y plantas en el planeta. Nada que no conozcamos a excepción que esta vez el informe presentó nuevamente datos que ilustran la dimensión del problema.

No es por tanto anecdótico el hecho de que esta investigación tenga mayor relevancia justo cuando se esta desarrollando la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo (más conocida como Rio+20), donde gobierno y sociedad civil están llamados a buscar soluciones conjuntas para mitigar la problemática ambiental. Las cifras publicadas son alarmantes: 19817 especies de flora y fauna se encuentran en peligro de extinción sobre 63837 evaluadas.

De acuerdo a la UICN están en riesgo el 41% de los anfibios, el 30% de las coníferas, el 25% de los mamíferos y el 13% de las aves. Más en detalle el estudio alerta sobre el peligro que enfrentan especies particulares como las rayas (36%), las mariposas europeas (16%), los murciélagos (18%), las serpientes del sudeste asiático (10%) y los corales (33%), estos últimos gravemente afectados por la actividad pesquera.

El problema no radica solo en la desaparición puntual de una u otra especie, sino en la función que algunas cumplen en el ecosistema. Cabe recordar que tanto mariposas como murciélagos son importantes polarizadores y las serpientes ayudan a controlar las poblaciones de roedores. Pero eso no es todo, algunos animales y plantas son útiles para el ser humano ya que en ellos se encuentra el futuro de nuevos medicamentos que podrían servir para curar y erradicar ciertas enfermedades.

Algunas especies de anfibios, aves y mamíferos se encuentran amenazados también por la proliferación de plantas invasoras, producto del cambio climático y la deforestación. Esto podría afectar ecosistemas enteros, perturbando los ciclos naturales biofísicos y el futuro agrícola de varias regiones del planeta. Las consecuencias no son solo ambientales, el desarrollo económico también podría pagar el precio de la inacción.

Los datos están ahí, al igual que las consecuencias cada vez más evidentes del cambio climático. Es tiempo de actuar, y eso corresponde a aquellos que toman las decisiones, aunque el panorama pinta oscuro en el resplandor de Rio de Janeiro. 

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