martes, 5 de junio de 2012

Rio+20: la esperanza es lo último que se pierde.


Por: Pablo Fernandez S. Dentro de algunas semanas, entre el 20 y el 22 de junio se celebrará en Rio de Janeiro, Brasil, la Conferencia de Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas, veinte años después de la Conferencia sobre medio ambiente que cambiaría de alguna manera la percepción mundial del estado real de nuestro planeta. Este evento conmemora la histórica Conferencia sobre el medio ambiente y el desarrollo (UNCED) de 1992, también en Rio de Janeiro, que marcó un hito en la percepción política global sobre la necesidad de implementar nuevas alternativas de desarrollo de cara al cambio climático.

En aquella oportunidad 178 gobiernos y más de 100 jefes de Estado se hicieron presentes acompañados por 2400 representantes de ONG y miembros de la sociedad civil, para discutir sobre los sistemas de producción contaminantes, fuentes energéticas limpias, el problema del calentamiento global y la escasez del recurso hídrico. Esta también llamada Cumbre de la Tierra, significó el inicio de las conversaciones que culminaron años después con la aprobación del Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático en 1997.

Este hecho inédito simbolizó el compromiso de los gobernantes de los países signatarios a ejecutar medidas para reducir los gases contaminantes que causan el efecto invernadero en un 5% para 2012, de acuerdo a los datos de referencia de 1990. El Protocolo de Kyoto que fue aprobado por la gran mayoría de los países, entró en vigor en 2005 y fue considerado como un gran triunfo para los mentores del Informe Brundtland (1987). Lamentablemente, Estados Unidos, uno de los países más contaminantes del planeta no ratificó el tratado por considerar que su aplicación era injusta e ineficiente.

La Cumbre de este año se basa en tres objetivos fundamentales: renovar el acuerdo sobre el desarrollo sostenible, evaluar los progresos de los acuerdos implementados y considerar los retos futuros en este ámbito. Asimismo, los organizadores planean que la reunión gire en torno a dos ejes principales, que incluyen el uso de energía sostenibles bajo el contexto de erradicación de la pobreza y el refuerzo del Marco institucional sobre el desarrollo sostenible.

No obstante la esperanza de la Cumbre no esta situada en los acuerdos que puedan firmar los líderes de cada país. Por el contrario, la misma se centra en lo que pueda suceder paralelamente a la Conferencia, donde miles de personas de todo el mundo se reunirán para compartir experiencias, conocimientos e ideas innovadoras que puedan ser luego aplicadas en diferentes puntos del planeta. La riqueza de estos intercambios permitirá la transferencia de tecnologías y resultados, en una especie de aula común que servirá como base para enfrentar los nuevos retos medio ambientales a venir.

Si bien es difícil aceptarlo, el panorama en Rio+20 se ve bastante sombrío. El problema es que la Conferencia se encuentra una vez más debilitada debido a las ataduras geopolíticas y económicas a menudo infranqueables, y que de acuerdo a declaraciones recientes, existen pocas chances de que esto cambie de cara al 20 de junio, fecha de inicio de la Cumbre. Asimismo, como en 1992, el mundo esperará buenas noticias y un compromiso serio por la protección de nuestro planeta, ya que al fin y al cabo “la esperanza es lo último que se pierde”.  

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