martes, 24 de julio de 2012

La densidad demográfica y el desarrollo sostenible


Por: Pablo Fernandez S. Muy a menudo nos enteramos a través de los medios de comunicación de los inconvenientes atribuidos al aumento notable de la densidad demográfica, sobre todo en países en vías de desarrollo como India, Nigeria o Brasil. A veces, esta situación es igualmente presentada como un grave problema para la salud del planeta. La pregunta que surge cuando reflexionamos sobre los alcances de esta problemática es ¿cómo la abundancia de población afecta realmente al medio ambiente? Las cifras más elocuentes nos otorgan varias pistas para descifrarlo y lo primero que deducimos es que el dilema no está en el espacio sino, sobre todo, en el consumo de los recursos.

Desde 1967 el número de habitantes en la Tierra se multiplicó casi por dos llegando a los 7 mil millones en 2012, de los cuáles el 45% del total se encuentra solo en Asia oriental (incluyendo India y sus países limítrofes). Para entender el desequilibrio en la distribución espacial basta solo mencionar que todo el continente africano apenas acoge el 11% del total y algunos países son tan grandes que parecieran casi desérticos (Canadá, Australia, etc.). Además, cuando observamos que la mayor parte de estas personas se concentra en áreas urbanas como consecuencia del continuo éxodo rural, podríamos creer que efectivamente esto afecta el medio ambiente.

Pero…¿que sucede en realidad con el desarrollo sostenible? ¿esta amenazado por este factor? No, en realidad no existe una relación directa. Por muchos años las teorías de Malthus sirvieron para predecir el riesgo de la sobrepoblación sobre la cantidad de recursos disponibles, pero numerosos ejemplos contradicen esta idea y demuestran que la naturaleza no sigue un patrón matemático. De hecho la mayor parte del territorio de un país es destinado para responder a las necesidades y requerimientos de estas aglomeraciones no para contenerlas.

En principio sabemos que mientras más poblada sea un área más fuerte será la presión sobre el medio ambiente. No obstante, ciertos espacios considerados como frágiles (áridos o semi áridos por ejemplo), casi despoblados, sufren a veces perturbaciones ecológicas irreversibles al margen de la densidad poblacional. Ahora bien, Brasil, China e India por ejemplo, son países con una alta población pero con una “baja” densidad y otros como Japón u Holanda se destacan por su altísima densidad en territorios más reducidos. En todos ellos la presión ambiental es muy alta, sin embargo las perturbaciones difieren ampliamente. El tema no es “cuanto” sino “como” se explotan esos espacios ya que la ocupación del terreno no es un problema. La razón de estas diferencias tiene que ver con la eficacidad de la producción y el uso de técnicas agrarias modernas que evitan la degradación permanente del suelo.

Por otro lado, Europa y Estados Unidos por ejemplo producen casi el 40% de su PBI en apenas el 5% de su superficie territorial. Entonces ¿adonde está el problema? Si consideramos que de ese 40% solo un porcentaje minúsculo corresponde directamente a la agricultura, notamos que la riqueza sigue siendo principalmente industrial o terciaria pero no agrícola. Esta escogencia en la forma de producir beneficios económicos se sustenta sobre un modo de vida basado en un alto nivel de consumo de recursos y por consiguiente, en la producción de residuos y emisiones que contribuyen al efecto invernadero. Por consiguiente las consecuencias negativas sobre el desarrollo sostenible provienen de los hábitos de consumo y no de la densidad demográfica en sí.

Con dos hectáreas por habitante la Tierra no está sobre poblada, por lo que el crecimiento demográfico no es a priori una amenaza para el planeta ya que la densidad sigue siendo un factor neutro (ni bueno ni malo) para el desarrollo sostenible. El Hombre en si mismo no es una amenaza, sino la creación constante de nuevas necesidades alimenticias y tecnológicas que requieren un gran consumo energético y tienen un impacto significativo sobre el medio ambiente.

2 comentarios:

  1. Parece que no tomas en cuenta que gran parte del planeta no es habitable: desiertos, polos, bosques... por lo menos no densamente, y en el caso de los bosques/selvas no sería deseable que lo fueran tampoco (son los pulmones del planeta, entre otras cosas). Si al espacio que queda le sacas el destinado a la producción de alimento, verás que no está tan despoblado el planeta, Y si tomás en cuenta que la humanidad es una civilización de litoral, el espacio que queda (cerca de costas o ríos), es menor aún.

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  2. Gracias por tu comentario! tu apreciación es muy cierta, aunque relativa. En este caso el post se refiere a la incidencia de la demografía sobre el desarrollo sostenible, no a la ocupación del terreno ni a la distribución poblacional. Durante años se ha terjiversado la influencia de este factor (demografía) sobre el desarrollo y muy a menudo se lo emplea como criterio significativo y negativo. En realidad no es así ya que un análisis profundo nos da pistas para pensar que su impacto es (aún) neutro. El problema está en el uso del terreno (técnicas, capacidad de carga y tasa de recuperación) y en el consumo de recursos (sobre explotación, consumo energético desmedido). Saludos.

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