miércoles, 8 de agosto de 2012

Cuando la industrialización ignora al recurso hídrico


Por: Pablo Fernandez S. El extraordinario crecimiento chino acentuado en los últimos años sigue despertando asombro en la comunidad internacional debido entre otros, a su fortaleza y gran competitividad. La admiración surge porque mientras el resto del mundo sufre por las crisis consecutivas que han afectado seriamente el desarrollo, la política de inversión comandada por Pekín se expande a cada rincón del planeta. Sin embargo, si bien en el aspecto económico las cosas parecen ir bastante bien, el elevado costo medioambiental de este auge escapa al hermetismo y a la censura e invita a la reflexión.

Recientemente uno de los semanarios más importantes de Pekín, el Xin Shiji Zhoukan, publicó un artículo sorprendente sobre la calidad del agua potable en el país en los últimos diez años. En contraposición, por así decirlo, a las cifras publicadas por los organismos públicos encargados de la higiene y el agua potable en las zonas urbanas del país, el problema se presenta sobre todo en las fábricas e industrias (que asemejan fehacientemente a pequeñas ciudades). De acuerdo a la publicación, sobre cuatro mil empresas testeadas más de mil proveen agua de calidad no conforme y lo que inquieta aún más, en las comunidades que rodean esas instalaciones el equipamiento de las estaciones de agua es obsoleto. ¿Cuántas personas se ven afectadas? Es difícil saberlo.

Por otro lado, la versión oficial, la  del Ministerio de la Protección del Medioambiente difunde estadísticas que indican que el 70% del aprovisionamiento de agua se ajusta a los estándares de calidad exigidos considerando, dentro de una escala de calidad dividida en cinco categorías donde 1-2 es agua potable y 3-5 impropia, como apta o potable el agua de consumo hasta el nivel 3 (lo que es ampliamente cuestionado por la investigación). Los datos de organismos independientes estiman que este porcentaje no sobrepasa el 50%.

Para entender el problema es necesario retroceder en el tiempo. En 1985 la pureza del agua de consumo humano en las ciudades más importantes no revestía problema alguno. En 2006 la degradación de la calidad del recurso y la naturaleza de los contaminantes empezó a encender las alarmas entre los expertos. Antaño, la contaminación era sobre todo de origen microbiano mientras que en la actualidad se debe a compuestos orgánicos solubles y trazas de metales pesados. Básicamente, hoy, en las fuentes hídricas se encuentra el producto de las industrias que han contaminado cursos de agua y los han convertido en depósitos químicos, con el riesgo que ello conlleva.

En la última década las industrias tradicionalmente localizadas en las zonas costeras se han ido trasladando a las zonas rurales del país, por la mayor parte en el oeste del territorio. Como consecuencia las napas freáticas han sido perturbadas y las técnicas de tratamiento y purificación no se han modernizado. Luego de pasar por la estación de depuración el agua es conducida por conductos hasta cada inmueble de la ciudad. La calidad se ve igualmente afectada por el mal estado de las canalizaciones lo que agrava la problemática. Esto provoca una contaminación secundaria que ha obligado al Ministerio de la Construcción a suspender varios cientos de redes de aprovisionamiento.

A pesar de los esfuerzos de las autoridades por mejorar los controles con el fin de evitar un desastre ambiental los ejemplos se multiplican tanto en el campo como en la ciudad. Esto se debe a que las políticas sobre desarrollo sostenible siguen siendo aún desconocidas para numerosos empresarios locales que ignoran el alcance del impacto que provocan sus actividades sobre el entorno. El ejemplo del estado del recurso hídrico es una muestra de lo que puede estar sucediendo también con los alimentos o el aire. China es solo un caso de industrialización total, pero su suerte y la de una quinta parte de la población mundial dependen de un cambio inmediato en la regulación ambiental y en los hábitos industriales de una clase empresarial que parece desconocer su rol en el problema.

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