miércoles, 6 de noviembre de 2013

Filantropía vs. RSE

Por: Pablo Fernández S. Uno de los grandes problemas que enfrenta la RSE en la actualidad es la incomprensión por parte de los emprendedores o tomadores de decisión de su finalidad misma, como elemento que puede ser integrado al modelo de negocio. Por esta razón todavía existen empresarios que no consideran impulsar la RSE como herramienta en sus negocios porque no se encuentran en disponibilidad económica (ni sociológica) de llevar a cabo filantropía.

Ahora bien, ¿qué quiere decir filantropía? Según la RAE, este término significa “amor al género humano” es decir, el apoyo, desprendimiento o ayuda desinteresada que se brinda a la humanidad por si misma, sin pedir nada a cambio. De forma práctica, todas aquellas iniciativas inscritas bajo forma de “ayuda” que consideren donaciones y actividades no lucrativas son acciones filantrópicas. Muchas empresas en el mundo hacen filantropía, traducido generalmente en colaboraciones económicas con municipalidades, ONG, asociaciones locales o personas necesitadas.

¿Qué es entonces la Responsabilidad Social? En principio es necesario entender el concepto que la sustenta. La responsabilidad nace comúnmente en el seno de una organización como reconocimiento de pertenencia a una comunidad, a un lugar o a una zona determinada en la cuál se desarrollan sus acciones lucrativas. Esta noción se complementa con el compromiso de realizar actividades rentables que impulsen el desarrollo sostenible y al mismo tiempo, permitan el crecimiento y mejora de la calidad de vida tanto de la empresa como de quiénes la conforman (accionistas, personal, consumidores).

En las últimas décadas este comportamiento empresarial se opone substancialmente al ideal capitalista que considera el lucro como una dualidad entre ganar-perder, donde unos deben perder para que otros ganen. La responsabilidad surge en la necesidad de reconocer el aporte de quiénes permiten la generación de crecimiento, desde el productor que participa en la cadena de suministro, pasando por el personal encargado de su producción, hasta el consumidor final, quién confía en la calidad del producto que consume.

La Responsabilidad Social es entonces un acción de compromiso responsable con la actividad que lleve a cabo la organización. No es una obra desinteresada de amor al prójimo sino una diligencia consensuada destinada a mejorar la calidad de vida del conjunto de grupos de interés beneficiados en la misma, incluida la organización que la promueve. La ganancia por consiguiente tenderá a ser de tipo ganar-ganar, donde el provecho es transversalmente compartido.

Un gran número de empresas lleva adelante acciones de RSE y muchas son capaces de capitalizar beneficios extras como resultado del valor agregado que genera este tipo de iniciativas entre los consumidores. Algunos estudios afirman estas aseveraciones, a punto tal que en actualidad algunos investigadores destacan inclusive a la RSE como una herramienta de competitividad empresarial. Una visión bastante lejana de la mera filantropía.

jueves, 10 de octubre de 2013

Certificaciones ambientales: los beneficios del proceso


Por: Pablo Fernández S. Hace algunas semanas un alto funcionario de una Embajada comentaba en un foro sobre medio ambiente que su país planeaba implementar nuevos requisitos “verdes” a empresas importadoras a partir de 2014. Traducido, desde el próximo año todas aquellas empresas que quieran exportar productos o emprender negocios con organizaciones de ese país deberán cumplir con requisitos internacionales de calidad y sostenibilidad. Esta tendencia en auge no es sino una respuesta gubernamental concreta a las demandas de consumidores y grupos de interés, cada vez más preocupados por el origen de los productos y el impacto asociado a su producción en los países de origen.

Sin embargo, curiosamente, ninguno de los emprendedores que se encontraba en el evento se atrevió a indagar al menos directamente, que certificaciones específicas se adecúan a estos requerimientos. Por el contrario, las dudas y comentarios estuvieron dirigidos a la dificultad de cuantificar el ROI resultante de la implementación de SGMA o el alto costo que conlleva el uso y adopción de energías alternativas, entre otros.

El escenario definitivamente no cambia. Aparentemente sigue siendo muy difícil para algunos empresarios entender que la sostenibilidad, la RSE y las acciones verdes (carbono neutral, energías alternativas, etc.) no son ejercicios voluntarios filantrópicos sino ante todo, verdaderas herramientas de gestión. Y como toda herramienta, bien manipulada, puede ser de gran utilidad e incidir desde la mejora en la eficiencia de mecanismos de producción hasta el replanteo de decisiones estratégicas.   

Pero ¿existen beneficios directos? ¿como el proceso de implementar y luego certificar un sistema de gestión ambiental, por ejemplo, podría mejorar la competitividad? Aunque parezca lo contrario, estas preguntas siguen siendo estables y comunes en el empresariado debido a la falta de información. Contratar a consultores o capacitadores para comprender estos temas es considerado todavía como un gasto inapropiado y sin ventaja financiera.

Primero es necesario entender que si se planea competir en el plano internacional se deben respetar las reglas del país receptor. Esto significa que ciertas leyes y requisitos no pueden obviarse a la hora de iniciar operaciones de mercado, con el atenuante de que las compañías locales tenderán a relacionarse comercialmente con empresas que cumplan al menos, ciertos requerimientos “verdes”. Las certificaciones internacionales ISO son en este aspecto la mejor carta de recomendación para impulsar negocios y representan una especie de visa adjunta al pasaporte de las relaciones internacionales en negocios.

Segundo, haber alcanzado certificaciones significa que la empresa cumple con programas comprobables de gestión ambiental, Responsabilidad social o comercio justo, y se rige según las leyes del país donde se encuentran sus operaciones. Por ende acceder a una certificación no es algo simple, ya que implica un compromiso profundo de la gerencia y un esfuerzo económico importante para cumplir con las exigencias previstas por cada caso, presupuestos que evidentemente no todas las empresas o emprendedores pueden ni quieren destinar para este fin, y mucho menos si consideran que no hay retorno en el corto plazo. Entonces: si es relativamente costoso acceder a una certificación internacional y esta no asegura un ROI cortoplacista ¿adonde está la ganancia? La respuesta es simple: en el proceso.

Lo que muchos empresarios lamentablemente no ven es que alcanzar una certificación verde implica una serie de pasos de mejora que contemplan medidas que van desde la eficiencia operacional hasta el rediseño de procesos productivos que además suelen impulsar la innovación. Como en una escalera, cada peldaño que se logra subir hacia la certificación es un avance importante que puede permitir a la organización disminuir sus costos energéticos o ahorrar insumos al mejorar su gestión. La optimización de los recursos y su manejo adecuado pueden significar igualmente ahorros importantes que no siempre son tenidos en cuenta.

Como es de suponer estos beneficios bien dirigidos pueden otorgarle a la compañía ventajas competitivas. Apuntar a convertirse en carbono neutral implica por ejemplo inventariar exhaustivamente todos los procesos susceptibles de producir emisiones, lo que permite identificar y corregir mecanismos defectuosos o proyectar rutas más eficientes de abastecimiento, entre otras. Es decir, en el proceso para alcanzar una certificación verde (voluntaria o necesaria) se pueden mejorar numerosas variables en el camino.

El fin de implementar un SGMA, un programa de carbono neutral o cumplir con ciertas normas de calidad (a no ser que sea una obligación para penetrar en otros mercados), no es conseguir la certificación sino optimizar el uso y manipulación de los recursos con el menor impacto ambiental posible. Los beneficios no son solo ambientales o de valor agregado de la imagen, las ganancias son tangibles y se reflejan en cada área de la empresa siempre y cuando cuente con buenos indicadores o elementos de comparación y seguimiento. A no olvidar que ser sostenible no es una opción ni un acto filantrópico, ser sostenible es una necesidad y sobre todo una herramienta para ganar en competitividad.

martes, 20 de agosto de 2013

El gran obstáculo de la RSE


Por: Pablo Fernández S. Sin dudas el gran obstáculo a vencer por la RSE es la difusión. En los últimos meses he comprobado personalmente como esta temática aún en plena evolución se encuentra ausente del léxico de una gran parte del empresariado regional, ni hablar de la sociedad en general. El problema es importante porque aunque queramos ignorarlo sabemos que es muy difícil consolidar una línea de conducta sustentable por parte de las organizaciones sino se cuenta con un conocimiento transversal al menos básico respecto a “qué es la RSE”, por citar un ejemplo.

Pero ¿es posible lograr un desarrollo sustentable y responsable si quiénes toman decisiones desconocen siquiera que quiere decir sustentabilidad? Difícil.

Hace unas semanas tuve la suerte de asistir a un Foro sobre negocios y emprendimientos sustentables patrocinado por la CCNRS y la Embajada de Holanda en San José de Costa Rica y algunas cosas quedaron de manifiesto, al menos para mi. Creo que esa es la parte positiva de este tipo de encuentros, que se convierten en espacios de discusión que sirven como termómetros de la realidad para aquellos que sepan escuchar con atención y sacar conclusiones. Y ni hablar si la asistencia se destaca por su eclecticismo.

Ahora bien, en primer lugar, es evidente que en nuestro continente la RSE esta avanzando, eso es cierto, pero se encuentra con obstáculos que incitan a la reflexión: ¿está avanzando en la dirección correcta? y por ende ¿hasta que punto es contraproducente que se siga considerando a la RSE como una simple moda? En efecto: un sector considerable de los empresarios, accionistas y directivos de empresas en Latinoamérica consideran que esta temática es solo una moda más, mientras que una gran mayoría ni siquiera sabe que existe algo similar. En Costa Rica más del 60% de PyMES pertenece a este último grupo.

Por otro lado no es ningún misterio el hecho de que un requisito indispensable para implementar programas exitosos de RSE es reconocer “la finalidad” de esta. Ergo, "eso o aquello" que se quiere lograr o conseguir al implementar prácticas socialmente responsables. Evidentemente, cuando se trata de responsabilidad en el desarrollo de las personas y protección del medio ambiente nos referimos a desarrollo sustentable, un concepto que sigue siendo desconocido sobre todo en el ámbito empresarial latinoamericano. Si no se conoce en que marco (desarrollo) se suscribe la RSE ni hacia adonde apunta (desarrollo sustentable) las posibilidades de éxito son mucho menores.

El problema tiene por ende un gran componente conceptual. No es posible emprender la adopción de conductas responsables en las organizaciones si no se considera el impacto total o transversal de estas acciones. Cuando se asume que una acción aislada no tiene injerencia en la generalidad se pierde de vista que estos aportes si son importantes cuando se trata de desarrollo sustentable. Esto quiere decir que la base de esta "responsabilidad" es el compromiso (antes que todo) que todos debemos asumir por formar parte de la sociedad.

Para conseguir que exista y se genere compromiso por parte de empresas, por ejemplo, para "justificar" gastos referidos con la RSE la difusión de estas temáticas es imprescindible. Simplemente no es posible lograr que esta nueva forma de visualizar el desarrollo de la sociedad avance en el camino correcto si no existen las condiciones dadas de "comprensión" de esa finalidad (desarrollo sustentable) que nada tiene que ver con modas sino, imperiosas necesidades.

Mejorar los planes de difusión y divulgación no es fácil, se requiere de mucho esfuerzo y creatividad, pero debería ser una prioridad. El camino para el desarrollo debe contemplar la creación de una base conceptual fuerte que genere compromiso real y motive la implicación de todos los sectores sociales, para que prácticas como la RSE tengan sentido en si mismas. Difundir, educar, capacitar, la mejor herramienta para derribar barreras y avanzar hacia un desarrollo sustentable.

martes, 23 de julio de 2013

Ser o no ser responsable: Los retos de la RSE en Rusia


Por: Pablo Fernández S. Trabajar en diferentes países con diversos tipos de organizaciones tiene sin duda un valor agregado profesional que colabora para visualizar ciertos comportamientos de forma mucho más objetiva. Esto es particularmente interesante cuando se trata de RSE. Contrario a lo que sucede con otras temáticas, la RSE se ve a menudo muy influenciada por la ética y por los valores morales de cada sociedad que por supuesto, suelen variar en cada continente, incluso en cada país. ¿Pero cómo se moldean estas acciones de acuerdo al escenario? ¿Cuáles tienen más preponderancia?

Desde cualquier punto de vista inquisidor el tema es apasionante, y la curiosidad por ver como evoluciona la RSE se centra ya no tanto en Norte América o Europa occidental como antaño, sino sobre todo en aquellos países emergentes (BRICS) o re-emergentes si se quiere (Rusia). La razón es que la bonanza económica y el desarrollo transversal no siempre van de la mano y múltiples factores hacen que su análisis sea por demás interesante, sobre todo para observar como se comportan los nuevos ricos. 

En esta dirección el ejemplo de Rusia es fascinante. Desde la caída del muro de Berlín hasta nuestros días se han impulsado numerosas reformas que han transformado por completo al sistema económico y social mucho más allá de la perestroika. Durante la última década miles de empresas han emergido a la par de la privatización de empresas estatales conformando una pujante economía de mercado. Esto provocó indirectamente que la visión desarrollista rusa cambiara tanto a nivel estructural como a nivel moral, empujando a las instituciones tradicionales a adoptar aires de transformación y readecuación de objetivos e intereses.

Dentro de este marco la RSE ejemplifica fehacientemente el camino que toda nueva estrategia de interpretación del desarrollo debe enfrentar para consolidarse: la desconfianza, el desinterés y la innovación. En efecto, de acuerdo a autores como Kostjuk, la RSE en Rusia no tiene tradición por lo que evoluciona  muy lentamente debido a que la sociedad en general, se encuentra en desconexión con el mundo de los negocios, una suerte de matrimonio por conveniencia entre dos personas que deben convivir contra su voluntad sin haberse buscado mutuamente.

Pero al mismo tiempo, el auge económico ha logrado también romper con ciertos paradigmas que hasta aquí se consideraban inclaudicables. En principio, un gran número de empresas y organizaciones que en su mayoría ha logrado trascender al universo internacional, han ido incorporando progresivamente prácticas sustentables occidentalizadas a sus propios planes de gestión. Este hecho, aunado al pasado fuertemente socialista ha hecho posible que muchas acciones se potencien y sirvan como nexo entre la comunidad y la empresa, algo que antes ocurría solo con el Estado. Es decir, en este caso, innovación y tradición han potenciado ciertos aspectos del nuevo comportamiento corporativo.

Sin embargo la búsqueda de aliados a través del diálogo y la identificación de grupos de interés no ha sido una tarea fácil para las compañías rusas. Una gran parte de la sociedad no reconoce a las empresas como actores de desarrollo y ven en cada obra una mera acción filantrópica, que de alguna manera mejore su productividad y reporte más beneficios. En este caso la línea entre RSE y filantropía se vuelve indistinguible y sin efecto tangible, debido a que el valor del “compromiso corporativo” es considerado frecuentemente como factor de presión política, de acuerdo a la historia del país..

En contraposición tanto ejecutivos como empresarios han tenido que luchar fuertemente para incentivar procesos de llamado al diálogo entre empresas y gobierno con el objetivo de encontrar convergencias que permitan una mejor retroalimentación con los grupos de interés que involucran sus actividades. De esta manera, asociaciones como la RASO (Russian PR association) o la UMBA (Union of Manufacturers and Businessmen) se han comprometido por mejorar la imagen de las empresas rusas, a través de la búsqueda de nuevos mecanismos de diálogo que tiendan a mejorar su reputación en el seno de la sociedad.

Asimismo, un número creciente de asociaciones y organizaciones no gubernamentales trabajan a la par para difundir la sustentabilidad y la RSE como prácticas "naturales" inherentes a cualquier organización, con el objetivo de incentivar a otras empresas que aún se resisten a aceptar las nuevas tendencias. El principio es lógico, si se convence a la empresa, la sociedad se convencerá luego por añadidura. Todavía es temprano para medir su éxito.

Pero la lucha por vulgarizar la RSE entre las empresas y organizaciones rusas no se circunscribe solo al interior del país. Transparency International sigue considerando a las empresas rusas (junto a las chinas) como las más propensas a participar en sobornos para lograr negocios en el extranjero, lo que demuestra que al margen de las ganas, las viejas costumbres son las más difíciles de erradicar. De hecho a pesar de los avances conseguidos en temas de transparencia y gobierno corporativo, la principal falencia que parecen enfrentar las firmas rusas es su propensión a considerar ciertas costumbres como el soborno, como una práctica normal y hasta lógica para conseguir negocios. Esta práctica antiética no solo se contrapone con los principios de la RSE y el Pacto Global, por ejemplo, sino que además conspira contra la imagen de esas mismas empresas en el plano internacional.

Por lo pronto, frente al crecimiento imparable de la economía rusa (que llegó al 1,8% durante la primera mitad del 2013) las grandes empresas siguen consolidando sus programas y progresando en la temática de la RSE, a través de la mejora de sus indicadores año tras año. Al menos internamente, la responsabilidad en el comportamiento de los negocios pareciera tener sentido y valor, una base sólida para proyectarse.  

Quizás la lección más interesante que se retiene actualmente de la realidad rusa sea el hecho de que por una u otra circunstancia, las mejoras en la calidad de vida de la sociedad impulsan cambios entre los actores productivos que tienden a ser de tipo bidireccional. Lo que antes muchos empresarios consideraban "goteo" como suficiente, para las clases menos favorecidas hoy se considera "responsabilidad, obligación y valor agregado". La sociedad aún divorciada de estas prácticas lentamente comienza a apreciar estos intentos por desarrollar actividades de forma más responsable, aspectos interesantes a considerar en el nuevo universo macroeconómico global.

domingo, 14 de julio de 2013

Curso Taller: Prácticas Sustentables en San José 17/08/13

Por: Pablo Fernández S. Desde hace algunos años la imagen “verde” o responsable de una empresa ha tomado mucho valor en la sociedad, cada vez más exigente con el cuidado ambiental y el respeto de los valores sociales y los derechos humanos. Por eso cientos de empresas, desde pymes hasta multinacionales, se comprometen cada año a mejorar la calidad de vida de sus comunidades y llevar adelante programas de desarrollo y protección ambiental. Latinoamérica no es ajena de esta nueva visión empresarial, y en Costa Rica esta tendencia crece a pasos agigantados.

Pero ¿qué ventajas tiene para una empresa reforzar compromisos con las comunidades y comunicar eficientemente las acciones en pro de su desarrollo? ¿cuál es la actual tendencia en Europa y cuál es el futuro de la sustentabilidad en Latinoamérica? ¿de qué modo se puede mejorar e implementar prácticas sustentables en cada empresa?

El curso-taller “Prácticas Sustentables” le brinda un panorama general sobre la temática a través de la revisión del concepto de sustentabilidad, las implicaciones del desarrollo sostenible y el valor de la Responsabilidad Social Empresarial como alternativas de desarrollo.

Asimismo, con ejemplos prácticos, pretende impulsar la búsqueda, diseño y aplicación de prácticas responsables por parte de quiénes asistan, por lo que este curso-taller se presenta como una excelente opción para todo tipo de personas interesadas en la temática, con intensiones de adecuar sus estrategias de inversión y desarrollo a las perspectivas futuras de consumo de servicios y productos de la sociedad costarricense.

Impartido por Mtr. Pablo FERNANDEZ S., experto en Sustentabilidad y Desarrollo.

Metodología: Presencial. Dirigido a empresarios, emprendedores, directivos, estudiantes y público en general.

Oficinas APRONAD Costa Rica
Calle 21, e/ Av. 8 y Av 10 (50mts. norte Casa Matute Gómez)
Sábado 17 de Agosto de 2013, de 9 a 16.30hs

Cierre de Inscripción: Viernes 16 de Agosto de 2013 (23hs)

CUPO LIMITADO.

Más información click aquí

miércoles, 12 de junio de 2013

Cuando la contaminación ambiental afecta la calidad de vida

Por: Pablo Fernández S. A pesar de la gravedad de los acontecimientos medioambientales que se repiten año tras año en el mundo lejos estoy de dejar de sorprenderme. La contaminación ambiental en todas sus formas es una realidad que esta provocando enormes problemas porque ya no afecta solo el bolsillo sino la salud de las personas. Mientras los ejemplos se multiplican con o sin repercusión mediática me pregunto ¿cuánto habrá que esperar para que políticos y tomadores de decisión consideren al medio ambiente como la máxima prioridad? La respuesta parece ser por el momento: "hasta que ya no podamos aguantar más".

El problema para la gran mayoría de las personas es que el límite a sobrepasar para que se tomen acciones eficaces y contundentes al respecto lo marcan los intereses; y también aquellos que los defienden, a veces de forma ilógicamente curiosa.

El caso de la ciudad de Temuco, situada al sur de Chile es realmente emblemático. En lo que va del 2013 la autoridad ambiental local ha decretado dos emergencias y once preemergencias que implican por ejemplo, recomendarle a las personas no salir de sus casas después de la 18h00. Los niveles de contaminación atmosférica (provocados principalmente por el humo de chimeneas particulares) son tan altos que se consideran como perjudiciales para la salud. La neblina hace el resto, tanto, que la ciudad pareciera dormir cada invierno entre la bruma y el humo.

Habitada por más de 250 mil habitantes, Temuco es la capital de la comuna homónima perteneciente a la Región de la Araucanía, en la XV Región del país. Debido a su geografía, las precipitaciones se presentan todo el año con temperaturas medias que no sobrepasan los 11 grados Celsius, lo que la convierte en una zona fría y húmeda. En invierno el termómetro puede llegar marcar apenas 3 grados C.

Esta zona caracterizada por hermosos paisajes y parajes turísticos en invierno se vuelve agreste. Por tradición, comodidad y sobre todo por economía, los temuquenses utilizan leña para alimentar sus estufas y calefaccionar sus casas, por lo que su consumo se incrementa exponencialmente durante los meses fríos. La leña indispensable para combatir las bajas temperaturas se ha convertido con los años en el principal agente contaminante de la zona.

Entre mayo y agosto principalmente, miles de hogares utilizan leña para calefaccionarse al mismo tiempo por lo que miles de hogares despiden a su vez humo por sus chimeneas. La combustión lenta, producto de la leña húmeda, y el uso de estufas en mal estado o con bajo rendimiento, conforman un pack difícil de manejar. La humedad, la lluvia y las bajas temperaturas hacen el resto. La contaminación es tan elevada que para muchos temuquenses la situación se ha vuelto insostenible y las soluciones tardan en llegar.

El problema de fondo sigue siendo de índole económico. De acuerdo a las autoridades, la principal medida para descontaminar la ciudad implicaría substituir el uso de leña como combustible por gas, lo que mejoraría notablemente la calidad del aire en la ciudad. Pero en Chile el gas es bastante caro comparado con otros países como Argentina o Bolivia, por caso, calefaccionar con leña una vivienda en Temuco cuesta alrededor de 100 USD por mes, mientras que si se utilizara gas la cuenta se elevaría a unos 600 USD.

Los esfuerzos llevados a cabo por las autoridades que incluyen envolventes térmicos y reconversión de estufas entre otros, no parecen atenuar suficientemente las dificultades ambientales. En efecto, la solución si se quiere “de mayor impacto” es que el Estado nacional subsidie el precio del gas de modo que el consumo de leña disminuya drásticamente. Pero cuando se trata de dinero, el medio ambiente (y todo lo que ello conlleva) parece que tiene y puede esperar.

Es un hecho que la calidad de vida de las personas depende del medio ambiente en porcentajes cada vez mayores, porque su alteración afecta enormemente el estilo de vida y las tradiciones de una comunidad. Evidentemente los problemas son complejos y requieren de fuerte compromiso, inversión y mucha voluntad para solucionarlos, pero cuando el medio ambiente no es prioridad todo se hace cuesta arriba. Por el momento y los tomadores de decisión se dedican a buscar soluciones alternativas, los temuquenses deben esperar cada día de regreso a sus hogares recomendaciones para salir o no de sus casas ¿crees que vivir una situación similar afectaría tu calidad de vida?.

jueves, 23 de mayo de 2013

Los beneficios de la sustentabilidad: la responsabilidad paga.

Por: Pablo Fernández S. ¿Cuántas veces, aquellas personas que trabajamos en desarrollo y prácticas sustentables hemos escuchado que la RSE no brinda beneficios económicos cuantificables? Seguramente muchas, sobre todo en Latino América donde no pocos ejecutivos y empresarios siguen argumentando que las prácticas de negocios responsables son acciones meramente filantrópicas, sin retorno financiero. Contrarrestar estas afirmaciones no es algo fácil como sabemos, sobre todo sino se disponen de datos fidedignos que respalden el valor de la sustentabilidad en los negocios, pero esto afortunadamente esta quedando en el pasado.

Un estudio reciente publicado por el MIT Sloan Management Review y el Boston Consulting Group reveló excelentes noticias: la sustentabilidad genera beneficios y no solo en cuestiones de imagen. De acuerdo a esta investigación, el número de empresas que obtuvo réditos económicos provenientes de sus iniciativas sustentables aumentó de 23% a 37% en el último año. Esto significa lisa y llanamente que son cada vez más las empresas que están ganando dinero gracias a sus programas de RSE o afines. Más de 2600 ejecutivos y directores de todo el mundo participaron de la encuesta.

Por otro lado, el reporte revela que aquellas organizaciones que cambiaron sus modelos de negocios para incorporar la sustentabilidad en sus actividades se han beneficiado directamente. De hecho, 6 de cada 10 empresas que siguen este patrón reportaron beneficios, una cifra sorprendente comparada con años anteriores.

Pero eso no es todo. El porcentaje de empresas que impulsa la innovación en la cadena de valor y se consideran "promotoras de sustentabilidad", representa casi el 60% del total encuestado. Algunos ejemplos mencionan como ciertas compañías lograron reducir notablemente los costos incorporando mejoras en sus cadenas de aprovisionamiento tendientes a reducir el consumo de energía y recursos primarios, obteniendo excelentes beneficios que promovieron la competitividad y la diversificación.

Este informe no solo revela buenas nuevas para el sector de la RSE sino que refuerza la máxima de que: en general, las empresas que logran obtener beneficios de sus programas sustentables son aquellas que asumen los riesgos de cambiar sus modelos de negocios para incorporar estas prácticas de forma eficiente, de manera que su rendimiento pueda ser eficazmente cuantificado. Si además, estas acciones se incorporan a la cadena de valor, los beneficios tienen grandes posibilidades de incrementarse.

Para finalizar, ya sabe, declare sustentabilidad ante el escepticismo. Las cifras lo prueban, el futuro espera.

viernes, 17 de mayo de 2013

Del trabajo al hogar, el poder de la sustentabilidad

Por: Pablo Fernández S. El éxito de un programa de RSE depende de varios factores que influencian notablemente la consecución de resultados y objetivos. Pero muchos expertos coinciden en señalar que si no se cuenta con el convencimiento, y por ende predisposición del personal de la empresa involucrado, los resultados tenderán a ser a lo sumo moderados. Asimismo, cuando las metas se logran, por lo general los empleados tienden a adoptar prácticas sustentables en sus propios hogares involucrando a sus propias familias, una situación que no siempre es tomada en cuenta al analizar el impacto de este tipo de iniciativas.

En este contexto, el último estudio de Gibbs & Soell Sense & Sustainability reportó que casi el 75% de los empleados adultos estadounidenses que toman parte en actividades social y ambientalmente responsables en su trabajo, declararon tener una mayor predisposición para implementar opciones "verdes" en sus propios hogares. Este hallazgo contradice en parte el mito de que a los trabajadores dependientes norteamericanos no les interesa el medio ambiente, por el contrario, las cifras indican que casi el mismo porcentaje (73%) anhela que sus propias empresas se comprometan en adoptar prácticas sustentables en sus actividades de negocios. Además, casi 3 sobre 4 entrevistados expresaron interés en aprender que están haciendo las empresas en términos de sustentabilidad o RSE.

Esta interesante investigación hecha por tierra muchos prejuicios respecto al impacto real que tiene en la vida de los empleados la posibilidad de participar en actividades sustentables o socialmente responsables. Hoy sabemos con certeza que cualquier acción voluntaria que refuerce el vínculo de una empresa a través de su personal con la comunidad, se reflejará necesariamente en el carácter de quiénes participan. Sentimientos como orgullo y satisfacción son muy comunes en los reportes finales de evaluación de resultados. Por ello es absolutamente lógico que un exitoso programa ambiental corporativo, por ejemplo, trascienda los límites del lugar de trabajo y se manifiesten también en el hogar. Sin embargo este hecho no siempre se tiene en cuenta.

En la misma línea, otros puntos destacables del informe revelaron que casi el 70% del total de los participantes del estudio manifestó desconocer las prácticas sustentables de su empresa y quién o quiénes eran los responsables de dirigir esta área en la organización. Curiosamente, el 75% de los empleados declaró tener más predisposición por comprar productos o servicios de una compañía que realice esfuerzos para adoptar prácticas ambientales responsables. Estas cifras demuestran que a menudo, el desconocimiento tiende a ser estructural (fallas en la propia organización) y no localizado (personal), por lo que la indiferencia "verde" persiste al margen de la buena predisposición de los empleados. Esto sucede sobre todo en empresas que se encuentran en desarrollo o en etapas iniciales de implementación sustentable. 

Crear compromisos duraderos con los empleados es una tarea difícil pero muy necesaria para la empresa. Detectar fallas en la comunicación interna (y externa) puede significar el éxito o fracaso de un programa sustentable. ¿Cuantas iniciativas interesantes y exitosas han sido ignoradas por la comunidad y el personal al no contar con una adecuada divulgación? Cuanta razón tienen aquellos profesionales del sector que enfatizan en aceitar adecuadamente los mecanismos de comunicación en los albores mismos de un proyecto.

Este tipo de investigaciones sirve no solo para desmitificar sino para reconfirmar que cuando se logra involucrar al personal en la práctica de actividades sustentables, los beneficios pueden superar ampliamente los objetivos trazados por la empresa. Por este motivo es sumamente importante tomar en consideración las necesidades extra laborales de los empleados, sus inquietudes y sus motivaciones, al momento de diseñar un programa de RSE. Al fin y al cabo, el verdadero éxito de un programa sustentable radica en la fortaleza de sus pilares: compromiso, responsabilidad, acción. A tomar nota.

miércoles, 8 de mayo de 2013

La RSE y la regla del menor esfuerzo


Por: Pablo Fernández S. Conforme pasan los años cada vez más empresas, sobre todo de pequeña y mediana envergadura, se interesan por implementar programas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) en sus actividades productivas. Latinoamérica por supuesto no es la excepción y la tendencia actual en el mundo corporativo es clara: la responsabilidad social ya no es una alternativa, es una necesidad.

Sin embargo, esta poderosa herramienta no siempre es bien utilizada. En aquellas organizaciones que prescinden de profesionales idóneos en la temática o que no recurren al asesoramiento profesional externo, los resultados de sus primeras iniciativas son muchas veces malinterpretados. Este hecho provoca que algunos empresarios lleguen incluso a considerar con malos ojos seguir apoyando programas de RSE en el futuro de sus emprendimientos.

Evidentemente esto no es difícil de imaginar cuando ciertas reglas metodológicas elementales no son tomadas en cuenta al momento de la planificación. Y es que como sucede en todos los casos, cuando un programa se constituye sin objetivos ni metas básicas lo más probable es que fracase. Por lo tanto es un grave error pensar que las iniciativas de tipo “responsable” son útiles por sin mismas siguiendo la regla del menor esfuerzo profesional, económico y mental. Si los programas de RSE no se encuentran correctamente estructurados no se pueden pretender resultandos fácilmente verificables.

Por este motivo, antes de implementar la RSE en una empresa, es necesario responder a una serie de preguntas que servirán para definir los objetivos y justificar las razones que motivan a la organización a involucrarse activamente con la sociedad.

En primer lugar yo suelo recomendar que antes de iniciar cualquier acción de índole responsable se apele a uno de los pilares de la Corporética, la identificación de los valores morales de la comunidad que alberga las actividades de la empresa. Conocer fehacientemente aquellas conductas y tradiciones que definen la identidad de una comunidad es fundamental para lograr una correcta relación entre empresa-sociedad. Si cada familia es un mundo que se rige por sus propias reglas, es razonable pensar que cada colectividad tendrá también sus propias costumbres.

El mejor ejemplo para entender este enfoque es el uso de una analogía. Como sucede habitualmente en Latinoamérica, cuando el “novio” es invitado a conocer a la familia de su pareja se generan ciertas actitudes y predisposiciones que suelen resolverse conforme pasa el tiempo, y ambos, familia e invitado comienzan a conocerse mejor. Esto sucede naturalmente y mientras más diálogo e intercambio ocurra existirá mayor cordialidad entre las partes, o al menos, menores posibilidades de provocar rencillas o crear tensión.

Lo mismo ocurre cuando una organización inicia sus actividades en un lugar determinado. Las relaciones se crearán directa o indirectamente con la comunidad y mientras más cordiales estas sean, las posibilidades de desarrollo tendrán cierta tendencia a incrementarse.

En segundo lugar, la Corporética sugiere que una vez reconocidos los valores morales identitarios, se proceda a identificar las necesidades más importantes de los diferentes grupos de interés que conforman la sociedad. Esto permite a la empresa tener un panorama más amplio respecto a aquellos puntos que podrían ser abordados en todo proceso de crecimiento o desarrollo interno, que puedan crear sinergias con la comunidad. Se trata entonces de impulsar el crecimiento de la forma más ética posible.

En síntesis, ¿cómo evitar el fracaso de un proyecto de RSE?. Si el empresario precavido cuenta con el asesoramiento correcto y además se interesa por conocer la realidad de su entorno socioeconómico, seguramente se encontrará en una buena posición para lograr el éxito en la mejora de la imagen de su emprendimiento. Antes de implementar un programa de RSE deberá responder además 5 preguntas elementales (entre otras) al momento mismo de su diseño:

¿Qué se pretende hacer? ¿Porqué se quiere hacer? ¿Para qué se quiere hacer? ¿Cómo se quiere hacer? ¿Cuánto cuesta hacerlo?

Esta información será la base de la iniciativa que luego será mucho más fácil de evaluar debido a que los indicadores serán más significativos y menos difusos. De igual manera, al conocer las necesidades preponderantes de la comunidad las acciones responsables tendrán un impacto directo y mayor. En este contexto, la RSE se presenta como una herramienta de gran utilidad porque los beneficios se mutualizan y se refuerza el desempeño general de la empresa a través de la mejora de su imagen como actor social y económico. La regla del menor esfuerzo definitivamente no es una buena alternativa.

jueves, 11 de abril de 2013

¿Qué es el Desarrollo Sostenible?

Por: Pablo Fernández S. A pesar de que el concepto Desarrollo Sostenible se ha vuelto bastante popular en los últimos años muchas personas desconocen la amplitud de su significado. Esto es particularmente evidente en el ámbito corporativo, donde si bien términos como sustentabilidad ya forman parte del lenguaje común de sus actividades, en ciertas ocasiones existe cuando menos, incomprensión. ¿Pero qué quiere decir realmente Desarrollo Sostenible y que se entiende entonces por sustentabilidad?

Para comenzar, el origen del concepto Desarrollo Sostenible es relativamente joven. Algunos expertos coinciden en señalar que en las primeras Conferencias organizadas por la ONU relacionadas con el medio ambiente a inicios de los ’70, ya se hablaba de un nuevo modelo de desarrollo ambiental responsable, el origen si se quiere de la noción que conocemos. Sin embargo hubo que esperar casi 20 años para que el término como tal tomara forma oficialmente y viera la luz en el célebre reporte “Nuestro Futuro Común” (mejor conocido como Informe Brundtland) en 1987. Se basa en la siguiente frase contenida en el Informe:

"El Desarrollo Sostenible es aquel que busca satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades".

La repercusión posterior que tuvo esta publicación en los medios y en las Cumbres internacionales posteriores (Cumbre de la Tierra, UNFCCC-COP, Protocolo de Kioto) contribuyeron a la popularización hasta convertirlo en referencia indisociable de temáticas relacionadas con el medio ambiente, la lucha contra el calentamiento global y el consumo responsable. Paralelamente, las nuevas tendencias en RSE y el auge de normativas internacionales en sistemas de gestión y estudios de impacto le otorgaron el carácter multidisciplinario actual.

Analizando el significado de Desarrollo Sostenible.

El término como tal proviene del inglés sustainable development (développement durable en fracés) que hace referencia al desarrollo que se logra sustentar o sostener en si mismo, es decir, un desarrollo que se autogestiona y por ende es posible de mantenerse en el tiempo. En español se suele utilizar como sinónimo desarrollo sostenible y desarrollo sustentable, y aunque ambos son correctos personalmente me inclino por el primero.

Ahora bien, de acuerdo a su definición se podría decir que el concepto contempla tres principios fundamentales:

1. La solidaridad en el espacio,
2. la solidaridad en el tiempo y,
3. la revisión continua del modelo.

Según esta interpretación, se desprende que el modelo sostenible de desarrollo de una sociedad debe basarse esencialmente en la solidaridad. Preconiza que la cooperación entre comunidades sin límites políticos ni económicos es fundamental para resolver problemas comunes sobre todo a nivel regional, ya que el uso racional de los recursos permite mutualizar esfuerzos y disminuir costos. Este enfoque permite desarrollar sin comprometer el progreso de las futuras generaciones. Por último, para hacer frente a problemas coyunturales, la revisión continua de políticas de desarrollo es fundamental para reforzar su implementación y realizar cambios pertinentes.

De acuerdo a esta visión, el objetivo principal del Desarrollo Sostenible es disminuir el impacto ambiental negativo que provocan las actividades antropogénicas sobre todo en la explotación de los recursos naturales y la emisión de gases de efecto invernadero. Esto es posible gracias a la diversificación de responsabilidades entre todos los sectores productivos de la sociedad y a la implementación de medidas preventivas. Estas últimas deben ir dirigidas a mantener la calidad de vida, evitar daños permanentes al medio ambiente y al mismo tiempo, permitir un acceso y explotación idónea de los recursos naturales.

En síntesis, el Desarrollo Sostenible pretende, entre otras:
  • Reducir la incidencia del Hombre en el medio ambiente.
  • Impulsar prácticas no contaminantes.
  • Mejorar la calidad de los recursos sin modificar sus características naturales.
  • Promover el desarrollo de energías limpias y renovables.
  • Respetar las tasas de renovación de recursos naturales.
  • Mejorar el rendimiento y distribución de los recursos naturales para evitar la desigualdad en su acceso.
  • Buscar soluciones duraderas a las problemáticas ambientales.
  • Distribuir los recursos naturales para el consumo con criterios de justicia.
  • Proteger la biodiversidad y la riqueza natural como patrimonio de la humanidad.

Como se puede apreciar el significado de Desarrollo Sostenible es bastante amplio, integrador e implica el respeto de numerosos principios. Por ello, es muy necesario comprender la amplitud de este concepto para referirnos correctamente a “sustentabilidad” en cualquier práctica o actividad profesional o económica. Así, cuando hablamos de "sustentabilidad" o "sostenibilidad" nos referimos al respeto y aplicación de estos preceptos en cada acción individual o colectiva, lo que conlleva necesariamente un conocimiento relevante de los mismos. Y cuanta falta que hace.


lunes, 11 de febrero de 2013

Oídos sordos frente al Cambio Climático


Por: Pablo Fernandez S. A pesar de los innumerables intentos por lograr el consenso político entre los países industrializados sobre la importancia de disminuir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), nada realmente efectivo se ha podido lograr en los últimos años, si nos basamos en los hechos indiscutibles: las cifras. Esta situación, contrario a lo que muchos líderes piensan, se puede convertir en una amenaza contra las políticas de desarrollo y crecimiento que se pretenden proteger en estos países, con la negación de pactos globales como el Protocolo de Kioto. Lo cierto es que a pesar de los esfuerzos, la lucha contra el calentamiento del planeta no ha tenido los resultados esperados y esto es cada vez más preocupante.

En efecto, hace poco más de dos meses la Organización Meteorológica Mundial publicó un informe en el que se indica que los principales GEI causantes del problema registraron un nuevo y triste récord. Los datos señalan inequívocamente que las proporciones atmosféricas de dióxido de carbono (CO2), óxido nitroso (N2O) y metano (CH4), los tres gases principales de provocar el efecto invernadero, alcanzaron un nuevo umbral en 2011. 

Por otro lado se conoció que la concentración de CO2 volvió a aumentar y su presencia en la atmósfera fue superior a la media registrada en los años '90, lo que significa un incremento constante desde el año 2000. Esto quiere decir que al margen de los tratados y compromisos asumidos por las principales potencias industriales, las emisiones no se han logrado detener. De hecho, desde el inicio de la era industrial, se calcula que más de 375 mil millones de toneladas de carbono se han adicionado a la atmósfera.

Ahora bien, si tenemos en cuenta que el CO2 es el responsable de al menos el 85% del calentamiento de la Tierra registrado en la última década, y que solo la mitad de las emisiones es reabsorbida por bosques y océanos, la situación es cuando menos apremiante. Encima, las previsiones son muy poco favorables. Según los expertos, aunque las emisiones se detuvieran por completo ipso facto, la concentración de estos gases en la atmósfera seguiría teniendo efectos en nuestro planeta durante siglos por lo que el calentamiento no se detendría. Por lo tanto, los numerosos cambios que observamos en la actualidad nos acompañarán por generaciones, afectando a todas las especies que habitan nuestro mundo.

Pero la concentración de CO2 no es nuestra principal amenaza, ni mucho menos. El informe prevé igualmente que en los próximos cien años la concentración de N2O tendrá una repercusión nefasta en el clima, ya que su impacto es casi 300 veces superior al del CO2, a igual concentración. Cabe recordar que este gas tiene una incidencia importante en la destrucción de la capa de ozono y su presencia atmosférica continúa en aumento exponencial.

¿Hay que preocuparse? Las cifras son elocuentes, estamos en un punto de no retorno en el comportamiento climático del planeta y el Hombre, el mayor responsable de esta situación, sigue cediendo ante intereses económicos. El uso de combustibles fósiles y la tala de bosques tropicales, principales fuentes de emisión de CO2, siguen en aumento y las acciones de mitigación se suceden sin pena ni gloria en la escala global. Entonces ¿qué más hace falta para convencer a los líderes políticos del grave problema que estamos enfrentando? ¿existe voluntad real para privilegiar de una vez por todas acciones dirigidas a preservar nuestra propia supervivencia? La muestra es clara, oídos sordos frente al cambio climático.