lunes, 11 de febrero de 2013

Oídos sordos frente al Cambio Climático


Por: Pablo Fernandez S. A pesar de los innumerables intentos por lograr el consenso político entre los países industrializados sobre la importancia de disminuir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), nada realmente efectivo se ha podido lograr en los últimos años, si nos basamos en los hechos indiscutibles: las cifras. Esta situación, contrario a lo que muchos líderes piensan, se puede convertir en una amenaza contra las políticas de desarrollo y crecimiento que se pretenden proteger en estos países, con la negación de pactos globales como el Protocolo de Kioto. Lo cierto es que a pesar de los esfuerzos, la lucha contra el calentamiento del planeta no ha tenido los resultados esperados y esto es cada vez más preocupante.

En efecto, hace poco más de dos meses la Organización Meteorológica Mundial publicó un informe en el que se indica que los principales GEI causantes del problema registraron un nuevo y triste récord. Los datos señalan inequívocamente que las proporciones atmosféricas de dióxido de carbono (CO2), óxido nitroso (N2O) y metano (CH4), los tres gases principales de provocar el efecto invernadero, alcanzaron un nuevo umbral en 2011. 

Por otro lado se conoció que la concentración de CO2 volvió a aumentar y su presencia en la atmósfera fue superior a la media registrada en los años '90, lo que significa un incremento constante desde el año 2000. Esto quiere decir que al margen de los tratados y compromisos asumidos por las principales potencias industriales, las emisiones no se han logrado detener. De hecho, desde el inicio de la era industrial, se calcula que más de 375 mil millones de toneladas de carbono se han adicionado a la atmósfera.

Ahora bien, si tenemos en cuenta que el CO2 es el responsable de al menos el 85% del calentamiento de la Tierra registrado en la última década, y que solo la mitad de las emisiones es reabsorbida por bosques y océanos, la situación es cuando menos apremiante. Encima, las previsiones son muy poco favorables. Según los expertos, aunque las emisiones se detuvieran por completo ipso facto, la concentración de estos gases en la atmósfera seguiría teniendo efectos en nuestro planeta durante siglos por lo que el calentamiento no se detendría. Por lo tanto, los numerosos cambios que observamos en la actualidad nos acompañarán por generaciones, afectando a todas las especies que habitan nuestro mundo.

Pero la concentración de CO2 no es nuestra principal amenaza, ni mucho menos. El informe prevé igualmente que en los próximos cien años la concentración de N2O tendrá una repercusión nefasta en el clima, ya que su impacto es casi 300 veces superior al del CO2, a igual concentración. Cabe recordar que este gas tiene una incidencia importante en la destrucción de la capa de ozono y su presencia atmosférica continúa en aumento exponencial.

¿Hay que preocuparse? Las cifras son elocuentes, estamos en un punto de no retorno en el comportamiento climático del planeta y el Hombre, el mayor responsable de esta situación, sigue cediendo ante intereses económicos. El uso de combustibles fósiles y la tala de bosques tropicales, principales fuentes de emisión de CO2, siguen en aumento y las acciones de mitigación se suceden sin pena ni gloria en la escala global. Entonces ¿qué más hace falta para convencer a los líderes políticos del grave problema que estamos enfrentando? ¿existe voluntad real para privilegiar de una vez por todas acciones dirigidas a preservar nuestra propia supervivencia? La muestra es clara, oídos sordos frente al cambio climático.