viernes, 16 de mayo de 2014

Cinco razones para entender porque la sostenibilidad llegó para quedarse


Por: Pablo Fernández S. A pesar de los resultados cada vez más satisfactorios registrados por empresas y organizaciones de todo el mundo en asuntos de sostenibilidad, muchos empresarios y emprendedores siguen aún dudando si involucrarse o quedarse al margen de la “moda verde”. Y si bien es cierto que la apuesta no seduce del todo por la dificultad de medir retornos de inversión o simplemente por no generar ganancias derivadas en plazos cortos o medios, al menos la duda ya instalada, sigue creciendo. ¿Conviene seguir esperando? No, no lo creo.

Los mercados emergentes están empezando a marcar la pauta a seguir en temas de Responsabilidad Social y sostenibilidad. Miles de empresas, sobre todo aquellas que se proyectan a la internacional tienen bien claro que si quieren ser competitivas tienen que incorporar prácticas sostenibles en sus actividades productivas. Los esfuerzos en este sentido lejos están de considerarse meros actos filantrópicos o estrategias de marketing verde, por el contrario, forman parte de la estrategia del negocio y los costos se interiorizan como innovación para mejorar en competitividad.

El fenómeno en todo el mundo es cada vez más evidente. Ya sea por iniciativa individual (empresa o grupo), colectiva (gobierno) o derivada (proveedores) las compañías se ven presionadas para al menos, ponerse al día en cuestiones básicas de gestión ambiental. Esta situación se hace visible sobre todo cuando las empresas empiezan a crecer y sus proyecciones de crecimiento cambian, debido principalmente a que la influencia de sus proveedores y partes interesadas se empieza a sentir con más fuerza. Las políticas comerciales internacionales también influyen (recomiendo leer el trabajo de Juan Rodrigo Walsh: El comercio internacional y sus implicancias para el Desarrollo sustentable: desafíos y oportunidades).

La mala (o buena) noticia para los especuladores es que la sostenibilidad llegó para quedarse, y mientras más tiempo dejen pasar, más tiempo les llevará subir a la ola. Por eso cinco razones para entender porque la sostenibilidad es el futuro de los negocios y no una moda se detallan a continuación:

Leyes y programas nacionales. En muchos países (Francia, India, Dinamarca) se ha institucionalizado la RSE como ley y ya no solo como sugerencia. En otros, el Estado esta incitando a las empresas a acoplarse a metas país o regionales, destinadas a bajar el impacto ambiental o la huella de carbono (Costa Rica, Unión Europea). Los incentivos y beneficios fiscales para empresas que implementen Sistemas de Gestión Ambiental y certifiquen sus procesos de producción o calidad son innumerables alrededor del mundo. Además, desde Naciones Unidas la consigna es clara: para lograr los objetivos del milenio el sector productivo debe involucrarse plenamente en el desarrollo (consignas del Pacto Global).

El auge de la tecnología. Los avances en temas tecnológicos han sido notables en los últimos años y no solo en el campo de las telecomunicaciones. Los procesos de producción, embalaje, transporte y consumo de recursos se han optimizado notablemente gracias al uso de maquinarias más eficientes y dispositivos o accesorios de mejor rendimiento (tecnología LED por ejemplo). Esto ha permitido disminuir costos, reducir el consumo de electricidad, agua y combustible, y reforzar el ahorro, entre otros. La tendencia indica que en los próximos años la innovación ambiental marcará la agenda de los negocios en todos los rubros.

El comercio internacional. Ya sea por cuestiones de compromiso país, presión ciudadana o simplemente para proteger su medio ambiente, varios países, actores de peso del comercio internacional, están empezando a reforzar los requisitos en materia de sostenibilidad. El caso de Holanda es emblemático: para 2014 el 20% de las empresas que exporten productos a ese país deberán cumplir con ciertos parámetros de sostenibilidad. Para 2020 se espera que esta exigencia abarque al 100%. Asimismo, algunas empresas multinacionales como Walmart, Unilever o Kimberly Clark, están abocadas a reforzar su cadena de valor impulsando a sus proveedores a mejorar sus prácticas empresariales o privilegiando directamente aquellos nuevos socios comerciales que se destaquen por su compromiso social y ambiental.

Los consumidores. En la mayoría de los casos, aún en naciones menos desarrolladas, la tendencia es que la participación ciudadana en temas de desarrollo sostenible no deja de aumentar. La presión ya no solo se dirige al gobierno sino que las exigencias para que las empresas sean más responsables en temas ambientales y sociales se multiplican apoyadas en asociaciones de consumidores y grupos afines. Conforme la calidad de vida mejora, las personas pretenden que aquellos productos que consumen sean de mejor calidad, pero no a costo de degradar el entorno. Esto no es una moda sino un estilo de vida que en países con media o alta conciencia ambiental como Suecia, se encuentra totalmente incorporado en la sociedad. Muy probablemente este ejemplo se replique alrededor del mundo, conforme los esfuerzos e iniciativas para el desarrollo sostenible actuales comiencen a dar fruto.

El Cambio Climático. Ante las consecuencias cada vez más evidentes de este fenómeno, numerosos gobiernos están incorporando parámetros de sostenibilidad más estrictos en sus programas de desarrollo, ya que las proyecciones sobre las consecuencias del problema no son muy alentadoras. Esto significa que el sector productivo debe y deberá implementar en el corto plazo medidas de mitigación o adaptación al Cambio Climático más eficaces e innovadoras en sus actividades. Lo que era una presunción se ha convertido en una realidad que no se puede seguir ignorando, menos cuando ciertas industrias (agrícola, forestal, pesquera, energética, etc.) dependen o pueden verse seriamente afectadas por la variabilidad climática.

Si la situación es tan clara ¿entonces porqué algunas empresas o accionistas se siguen negando a adoptar prácticas socio ambientales más responsables? La respuesta puede ser tan amplia como justificaciones existan, pero en el fondo la duda o indecisión sigue siendo un tema de índole económico: acceder a una certificación ISO, desarrollar un Sistema de Gestión Ambiental o implementar un programa de RSE, significa invertir sin precisiones sobre el retorno ni los beneficios cuantificables. El problema es que mientras las dudas se resuelven otros invierten, innovan y mejoran en calidad y rendimiento, diferenciándose de la competencia y accediendo a otros mercados. Es un hecho, la sostenibilidad no es una moda, llegó para quedarse.




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