miércoles, 1 de octubre de 2014

El lado humano de las empresas: la RSE


Por: Pablo Fernández S. Hace tiempo atrás recuerdo que ante una pregunta que me hicieron sobre la base o “fondo” del concepto de RSE, se me ocurrió utilizar una analogía con la que titulo este post: la RSE en cierto modo viene a ser el lado humano de las empresas. Discutible o no, vale recordar que el debate invita a la reflexión. Lo cierto es que después de mucho estudiar el tema y explicar que esta poderosa herramienta de gestión no se circunscribe ni mucho menos al tema meramente ambiental (como mal preconizan algunas personas), la RSE es una acción voluntaria empresarial en la cual pesan mucho los sentimientos.

Y si bien es verdad que bajo el nuevo paradigma del desarrollo las empresas tienen una misión mucho más cercana a la sostenibilidad y aportar prosperidad a la sociedad, todavía sigue habiendo un cierto rechazo de parte de algunas otras apegadas a las viejas prácticas del capitalismo desmedido. En el mundo del all profit corporativo el éxito se mide casi exclusivamente por las cifras de superávit al final de cada balance, desprovisto de “sentimientos” y elementos condicionantes tales como el impacto ambiental, social y económico sobre la sociedad. Pero cada vez son menos.

Ya no se ve con buenos ojos el viejo concepto de "ganar-perder" en el cual unos ganaban a costa de otros, como única alternativa para generar riqueza. En la actualidad, las compañías exitosas deben ser capaces de crear valor partiendo desde el interior, es decir, empezando por beneficiar a sus propios empleados y partes interesadas. Esto significa que las empresas como organizaciones hoy deben construirse bajo parámetros de responsabilidad mucho más concretos, considerando el bienestar de las personas en el centro o core business de cada una de sus actividades.

En este contexto la concepción de riqueza se logra a través del compromiso transversal que involucra a las personas y a las organizaciones. Las responsabilidades se comparten y la comunidad es parte activa en la búsqueda de su propio bienestar, el cuál ya no depende enteramente del Estado o las empresas privadas y recae sobre todos los actores de la sociedad.

Esta visión mas humanista es clave para entender porqué muchas grandes empresas, pioneras, decidieron que la filantropía no era la mejor opción para mejorar su relación con la sociedad. Regalar es una forma simple de mostrar gratitud pero no es la mejor opción para mostrar compromiso, como tampoco lo es el respeto contractual de la ética y los valores sin retribución a la comunidad. De este modo la RSE se posicionó como una alternativa valedera para aquellas organizaciones que deseaban contribuir sistemáticamente al bienestar de la sociedad sin caer en la filantropía. Un paso adelante que se fue fortaleciendo con el tiempo.

Actualmente, bajo los nuevos paradigmas de riqueza, la dimensión de calidad de vida se extiende mas allá del mero bienestar económico y por el contrario, involucra muchos más parámetros como la cultura y el paisaje, la calidad en el acceso a los recursos naturales indispensables, o la promoción de la igualdad género y el progreso social. Todos estos elementos se han ido incorporando progresivamente en las estrategias de gestión empresarial que han de alguna forma, humanizado el desarrollo.

Así las empresas responsables conscientes de su compromiso y sus valores han fortalecido el capital humano interno y externo a través del impulso de acciones que contribuyen con su bienestar. Y si bien la RSE ha evolucionado hasta convertirse en una herramienta que también puede otorgarle beneficios importantes a una organización, la base misma de su adopción e implementación sigue siendo netamente filantrópica.

Esa disposición de algunas empresas y organizaciones por ayudar, contribuir o aportar un granito de arena para mejorar su entorno y forjar un mundo más agradable, no surge de la ambición o la planificación estratégica, sino del factor humano que rige su visión, misión y valores. De esta manera la RSE representa el lado más humano de las organizaciones, su compromiso y responsabilidad en la creación de valor social, el respeto del medio ambiente (cultura, naturaleza, patrimonio) y la mejora en la calidad de vida. Al fin y al cabo, como sugiere Stephan Schmidheiny “no puede haber empresas exitosas en sociedades fracasadas”.

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