domingo, 5 de julio de 2015

Energías renovables: una alternativa sin consenso social

Por: Pablo Fernández S. Uno de los problemas más grandes que enfrentan actualmente las economías en desarrollo es la producción de energía. Las gravísimas consecuencias del Cambio Climático, la escasez y volatilidad del crudo y el impacto socio-ambiental de las megainfraestructuras se han convertido en un verdadero dolor de cabeza no solo para los tomadores de decisión, sino también para las empresas de la industria. Ante este panorama las energías renovables emergen con fuerza imponiéndose en las agendas energéticas gubernamentales ya no como alternativas sino como modelo. Sin embargo, contrario a lo que se podría pensar, esta industria enfrenta numerosos inconvenientes para el desarrollo de proyectos.

Hace algunas semanas, durante el  Latin America Ethics Summit de Rio de Janeiro, un alto ejecutivo de una empresa distribuidora de energía eléctrica me comentaba que "las personas quieren cada vez más energía, pero se oponen a cualquier proyecto de generación que arruine su paisaje y además, se quejan por el servicio". Este ejemplo es básicamente la misma situación que se presenta en Chile, pero bien podría estar hablando del panorama en Costa Rica, Francia o Laos. El contexto global es el mismo: la demanda de energía crece sin parar y el uso de combustibles fósiles para generación esta sumamente cuestionado, entonces ¿cómo producimos energía?

Las energías renovables que provienen del sol, del viento, del mar, geotermia, etc. son muy atractivas es cierto, al menos en el papel, pero también son objeto de rechazo por diferentes sectores de la sociedad cuando se exponen las consecuencias asociadas. El problema es que utilizar estos recursos "verdes" también produce impactos socio ambientales importantes, ya que la infraestructura necesaria para aprovecharlos suele ser de gran envergadura, y se necesita mucha paciencia y negociación con las comunidades u organizaciones sociales para llegar a buen puerto.

El tema genera una marcada contraposición entre, por un lado, la necesidad de los gobiernos para suplir y diversificar su matriz energética, y por otro, la demanda de la sociedad que consume más energía pero no quiere sacrificar su medio ambiente para obtenerla. Este el punto que genera sin duda mayor controversia, ya que decenas de proyectos para construir desde parques solares o eólicos hasta plantas geotérmicas han producido (y producen) severos quiebres sociales y oposición ciudadana. Por ejemplo, curiosamente, en ciertos escenarios, emprendimientos relacionados con la extracción de oro a tajo abierto han provocado el mismo rechazo que un parque eólico. Dos formas de generar energía, dos formas de generar impactos ambientales, la misma oposición social.

En este contexto, las empresas que trabajan en el mercado energético deben cumplir las regulaciones ambientales, sino los innumerables requisitos que conlleva obtener una resoluación favorable de construcción, a través de la aprobación de un Estudio de Impacto Ambiental. Estos procesos, que contrario a otras industrias, pueden impedir la operación de una empresa, suelen además estar estrechamente relacionados con planes de desarrollo local, incorporando actores políticos y sociales quiénes se convierten en partes interesadas con poder de decisión e influencia. Por eso la forma en como las empresas conducen los programas de responsabilidad social, se relacionan y construyen puentes de trabajo es cada vez más importante.

El escenario es complejo, pero el modelo de desarrollo que más se acerca al ideal es aquel que promueve la participación social y protege al medio ambiente, donde todos los actores deben ser capaces de participar, aportar y negociar.

Las necesidades de energía seguirán creciendo y las personas deben entender también la dificultad que enfrentan los gobiernos para mediar entre las empresas y las comunidades afectadas por mega proyectos, para suplir necesidades que exceden muchas veces los beneficios de unos y otros, ya que son necesarias para el crecimiento económico de un país. Las ERNC son una excelente alternativa para cambiar la matriz energética y para enderezar el camino hacia la sostenibilidad, pero se necesita mucha voluntad y no solo de parte del gobierno o de las empresas.

Al fin y al cabo ¿cuál es la receta ideal para lograr un desarrollo sostenible?