miércoles, 11 de noviembre de 2015

El mea culpa energético: La responsabilidad social de los ciudadanos

Por: Pablo Fernández S. Hace varios años ya que, aquellos que trabajamos en el mundo de la sostenibilidad, venimos escuchando que las energías renovables no solo llegaron para quedarse, sino que, mas temprano que tarde, terminarán por reemplazar las formas tradicionales de generar energía eléctrica. Una buena noticia sin duda, sobre todo considerando los enormes problemas relacionados con la extrema dependencia de los combustibles fósiles, el aumento del consumo de energía, la desertificación, el impacto ambiental de los grandes proyectos de infraestructura y por supuesto, el Cambio Climático.  Pero ¿cuál es el papel de las personas en este sistema?

A principios de 2015 la Asociación Mundial de Energía Eólica (WWEA) reportó que la energía "limpia" instalada en el mundo proveniente de parques eólicos alcanzó un récord de 370 GW de capacidad instalada, un aumento del 40% respecto a 2014. Esto posicionó a la energía proveniente del viento como un verdadero pilar dentro del suministro global que tenía una tasa de mundial de electrificación de 85% en el año 2012, de acuerdo a un informe del SE4all. Sin considerar todas las otras fuentes (solar, geotérmica, mareomotriz, hidrógena, nuclear, etc.) esto representa un gran avance en la búsqueda por cambiar la matriz energética mundial, mayormente fósil.

Producir energía es complejo, caro, poco eficiente y causa impactos socio-ambientales, pero siempre responde a una demanda, una demanda que no para de crecer. La ecuación no es muy compleja, necesitamos más energía, porque consumimos cada vez más.

Mas consumo energético, más consciencia ambiental, menos eficiencia.

Sin tener que hilar fino hoy sabemos que el reemplazo de los combustibles fósiles pasa por encontrar principalmente nuevas y mejores formas de movilización, y otras fuentes menos contaminantes que permitan producir grandes cantidades de energía para responder tanto a la necesidad de las grandes industria como, en menor medida, a la que consumen los hogares. El problema, es que muchas personas utilizan más energía pero no quieren ver líneas de transmisión eléctrica en los patios traseros de sus casas. Esa dualidad se refleja con mayor intensidad cuando las protestas ciudadanas se oponen a la construcción de proyectos de energía por el impacto ambiental asociado, pero no se manifiestan de igual forma cuando el uso de leña mojada para calefacción hace irrespirable el aire de algunas ciudades, o la desidia ciudadana provoca que los esfuerzos gubernamentales por promover prácticas de eficiencia energética sean, cuando menos, ignorados y con resultados cuestionables.

La venta de electrodomésticos y artículos electrónicos aumenta cada año en todo el mundo. A pesar de que es una obviedad, esto implica más demanda de energía y mayor consumo, en más lugares. Por una parte los esfuerzos por "conectar" a todas las personas a la red se asocian con mecanismos de lucha contra la pobreza y la exclusión social, y por otra, con indicadores macroeconómicos y dinámicas de mercado. Hoy, unas 1200 millones de personas siguen sin tener electricidad en sus hogares. Pero la cultura del recambio innecesario y la obsolecencia programada se estima que produce anualmente, más de 49 millones de toneladas métricas de basura electrónica en el mundo, y de acuerdo a un estudio de la universidad de las Naciones Unidas, con el ritmo actual las proyecciones que indican que estas podrían aumentar en un 33% para el 2017.

Si, la tecnología ha mejorado y existen también esfuerzos por parte de las empresas por mejorar la eficiencia energética de sus productos, promoviendo el reciclaje, materiales menos contaminantes, chips más eficientes, baterías más eficientes, etc., ejemplos de propuestas novedosas para combatir la producción de basura electrónica y el desperdicio de energía que incluyen multas y castigos económicos sobran, pero no es suficiente. La cultura "Las Vegas" se sigue imponiendo con fuerza sobre todo en los países en vías de desarrollo, mientras la visión ciudadana sigue enfocándose más en el árbol que en el bosque. El "protesto porque protesto" con el que muchas personas enarbolan banderas de lucha ambiental no suele incluir el mea culpa individual, tan importante para crear formas de autocrítica que luego se transformen en aportes o soluciones.

La demanda energética sigue aumentando y también el consumo ¿cómo satisfacer ambos sin causar un desequilibrio?
 

La generación de energía es un tema espinoso que levanta muchos temores, en su gran mayoría fundados. El primer punto que debería ser un derecho indiscutible, es que la libertad individual y colectiva debería resguardar que aquellas personas que no quieren tener una planta generadora o una línea de transmisión en su barrio o en su comuna sean respetadas. El segundo punto, es que los procesos de evaluación del impacto ambiental relacionados con proyectos de gran envergadura deberían ser mecanismos de control eficiente y robustos que aseguren que las futuras generaciones lidiarán solo con iniciativas sostenibles y de bajo impacto. El tercer punto, es que las plantas de generación eléctrica a base de recursos renovables, deberían preferirse y promoverse por sobre otras alternativas más contaminantes, y no solo con buenas intenciones.

El impacto ambiental de estas infraestructuras es objeto de mucha preocupación para neófitos pero también para entendidos. Partiendo de que toda acción humana es susceptible de generar impacto, los proyectos de generación de energía suelen ser muy cuestionados por la sociedad, y muchos con razón. El tipo de recurso a explotar (hidro, viento, sol, biomasa, geotermia, mar, etc.) y el lugar de emplazamiento siempre terminarán siendo objeto de rechazo o aceptación ciudadana, y esto, sin tener en cuenta en como estos se relacionan con la comunidad. La realidad indica que la relación de los proyectos con las comunidades puede determinar el éxito o el fracaso de las propuestas, por encima de elementos técnicos o ambientales.

El hecho de que no todas las empresas estén dispuestas a trabajar junto a las comunidades donde se desarrollan sus actividades para tomar en cuenta sus inquietudes, y respetar sus opiniones, produce fuertes enfrentamientos que suelen terminar en los tribunales con saldo negativo para ambos. Mucho más cuando ciertos derechos ciudadanos fundamentales son vulnerados y aprovechándose de vacíos en la legislación, se construyen proyectos contra la voluntad de quiénes conviven con ellos. Y la solución no apunta solo a impulsar la responsabilidad social en las acciones empresariales, sino de promover el desarrollo bajo otro paradigma, uno mucho más acorde a los tiempos modernos que exigen otro tipo de compromiso de parte de las compañías, pero también de los ciudadanos.

Este es el punto. La solución nunca será mágina ni dejará a todos contentos, la energía es aún un recurso que requiere explotar diversas fuentes naturales y su impacto no termina solo en el medidor de cada casa. El desafío técnico pero también filosófico está en encontrar un justo equilibrio entre lo que se necesita para sobrevivir, lo que se necesita para vivir (de acuerdo a las costumbres actuales) y la forma en como se responde a esa necesidad. ¿Que nivel de compromiso estamos dispuestos a asumir como ciudadanos? ¿Cómo podemos aportar para que el consumo energético se racional en cada una de nuestras acciones individuales?

El mea culpa es necesario para asumir una parte de la responsabilidad de lo que significa vivir en una era tecnológica. No se puede caer en la contrariedad de pretender que la naturaleza no se modifique para brindarnos una energía que naturalmente no necesitamos. Las energías renovables terminarán imponiéndose como fuente de energía y eso será positivo para enfrentar al Cambio Climático por ejemplo, pero eso implica que tendremos que aprender a convivir con líneas de transmisión eléctrica atravezando nuestros campos, con aerogeneradores girando como los molinos del Quijote en el paisaje, con el brillo de los paneles solares y con la presencia de lagos artificiales que sirvan como insumo para hidroeléctricas. ¿Es la mejor opción? probablemente no, pero el hecho de que Ud. esté leyendo este artículo implica que posee un artículo electrónico que está consumiendo electricidad, que espero por su bien, provenga al menos de una fuente renovable...¿se ha puesto a pensar alguna vez en eso?

1 comentario:

  1. La Energía Solar es la utilización de la radiación solar que alcanza la tierra como método para darle energía a cosas de la vida diaria. Esta radiación se transforma en energía por medio de paneles solares.

    Lo cierto es que la energía solar es uno de los métodos más beneficiosos de producción de energía en la actualidad porque es una inversión que favorece en el tiempo y que además ayuda al ambiente que tanto nos necesita. La utilización de otros tipos de energía están acabando con la vida natural del mundo y una de las soluciones más prácticas es cambiar esos tipos de energía como una muestra de apoyo a las generaciones futuras. En http://www.enlight.mx observamos la importancia del uso de este tipo de energía solar para la conservación del ambiente.

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